Descubre cómo Cocho pasó de tocar el requinto a componer éxitos como ‘Mejor Jordan’ y colaborar con figuras de la música urbana y los corridos tumbados.
El clima de la ciudad suele dictar el pulso de las emociones humanas, y para los creadores, representa un catalizador de la imaginación. “Un cafecito, una rola romántica, algo tristón… se presta como para un corridón”, reflexiona Cocho al iniciar la charla. Esa sensibilidad climática y de entorno revela la naturaleza de un artista impredecible, cuyo radar musical transita sin esfuerzo entre el sonido del requinto tradicional, el hip-hop, el reggaetón y el Jersey Club.
Antes de ostentar un nombre propio en las plataformas digitales y encabezar créditos de composición, Cocho operaba desde la trinchera del trabajo de estudio. Con más de 15 años manejando la guitarra de doce cuerdas y sumergido en la orquestación técnica, su incursión en la interpretación vocal no fue producto de un plan corporativo, sino de una inquietud orgánica compartida en redes sociales.
La escuela de ‘La Crave’: Creatividad colectiva y disciplina de producción
El verdadero laboratorio creativo de Cocho tuvo lugar en una residencia bautizada coloquialmente por sus integrantes como “La Crave”. En este espacio de convivencia continua, conviveron entre diez y doce jóvenes músicos, productores y compositores compartiendo un estudio de grabación encendido las 24 horas del día.
“Vivía en una casa, un desmadre… fiesta siempre, música siempre, todo el tiempo”, relata. De esa convivencia diaria junto a creativos como Daniel Candia y Gabriel Soé, absorbió dinámicas de trabajo que pulieron su intuición armónica. Sin embargo, pasar del trabajo colaborativo a la consolidación de un estilo propio exigió una transición intencional: “Cuando te juntas con varios plebes y empiezas a darle a algo, ya cuando quieres darle a tu rollo sí es un poquito más complicado, pero no más es cuestión de enfocarte y meterle disciplina”.
La metodología de estudio y la democratización del sonido urbano
Aunque hoy en día cuenta con el respaldo de ingenieros como Labo en la producción ejecutiva, la metodología de Cocho mantiene un componente artesanal apoyado en herramientas digitales accesibles. Muestra de ello es la génesis de “Mejor Jordan”, tema interpretado por Óscar Maydon y Víctor Mendívil. La maqueta instrumental y rítmica original de dicha obra fue construida por Cocho utilizando la aplicación gratuita BandLab desde su teléfono móvil antes de transferir las pistas stem a producciones de mayor escala.
Esta adaptabilidad técnica le permite generar maquetas en FL Studio, integrar controladores MIDI y ceder las maquetas iniciales a otros productores de su confianza. “Les entrego la referencia de que yo lo hago y quiero que suene así, pero más producido, más chilo. Les mando los stems y le meten mano”, explica sobre su dinámica colaborativa.
De la producción tras bambalinas al reto del Tumbado Tour
El salto del estudio de ensayo al escenario masivo trajo consigo un choque de realidades. A pesar de su experiencia instrumental, Cocho nunca había interpretado canciones frente a un micrófono en vivo. Su bautismo ante audiencias masivas ocurrió al integrarse como acto de apertura dentro del Tumbado Tour de Natanael Cano.
“Nunca había tocado ni en un cumpleaños… no más el requinto. Nunca me había tocado agarrar un micrófono hasta una semana antes, que renté un cuarto de ensayo para machetearle”, confiesa sobre los días previos a subir a la tarima. La transición demandó controlar la adrenalina y canalizar la tensión en presencia escénica: “Muchos nervios, el corazón a reventar. Pero ya cuando uno se sube, tripeas que estás ahí haciendo lo que te gusta hacer y no hay por qué estar tenso”.
La versatilidad de Cocho se refleja en su negativa a encasillarse en una etiqueta genérica fija. Capaz de transitar del rap boombap al reggaetón junto a Gari Box en temas como “Cubanas”, su trabajo reciente explora vertientes electrónicas del urbano como el Jersey Club en colaboración con Israel Barajas.
Dentro de su catálogo de composiciones, el tema “Cherry Vibes” representa un caso particular de resiliencia editorial. Tras permanecer engavetada y sufrir filtraciones integrales en redes sociales que casi provocaron su cancelación definitiva, la obra fue reintervenida en el estudio. “La rola se nos quemó en el horno, ya estaba filtrada completa y la teníamos parqueada. Pero fuimos al estudio, le cambié unos versos y la revivimos para el proyecto”, detalla el autor.
El proceso creativo como filosofía de carrera
Para Cocho, la composición musical opera como un archivo vivo donde las piezas encuentran a su intérprete adecuado sin presiones de tiempo. Referenciando preceptos que permean en la industria contemporánea, el creador enfatiza la importancia de priorizar la evolución técnica por encima de los resultados inmediatos en métricas virtuales.
“Como dice Miky Woodz, muchos están pendientes del resultado pero se olvidan del proceso, y hay que disfrutar el recorrido”, concluye el músico, quien continúa expandiendo su catálogo tanto en su faceta solista como en la autoría para otros exponentes de la música regional y urbana.
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