Marly Marly: hacer música también es aprender a soltar

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Marly Marly presenta Arigato: el disco que nació de la experimentación y de aprender a soltar

Marly Marly habla sobre Arigato, su nuevo disco, el proceso DIY de grabación, sus influencias y la escena musical de Mexicali y Tijuana.

Marly Marly tenía una idea, pero no necesariamente un plan. Durante aproximadamente cinco años trabajó en las canciones que terminarían convirtiéndose en Arigato, un álbum que encontró su identidad mientras la artista experimentaba con sonidos, referencias, formas de grabar y experiencias personales.

El resultado es un disco que, de acuerdo con la propia Marly Marly, no nació a partir de un concepto previamente establecido. Fue al contrario: primero llegaron las canciones y después apareció la pregunta sobre qué tenían en común y qué universo podían construir juntas.

La primera pieza de ese recorrido fue “Tranquilidad”, canción que produjo cuando todavía no sabía que terminaría formando parte de un álbum. Más adelante llegó “Arigato”, cuyo significado —“gracias” en japonés— terminó por darle nombre al proyecto y conectar sus distintas piezas.

En el camino, la música de artistas como Paramore, Serati, Marilina Bertoldi, Barbie Recanati y otros proyectos de rock, rap, R&B y soul alimentó una búsqueda que no pretendía encerrarse en un solo género. Marly explica que le interesa aprender de distintas expresiones musicales, incluso de aquellas que no necesariamente forman parte de lo que ella hace.

Esa curiosidad también aparece en el proceso de producción. Sus primeras canciones fueron grabadas en su habitación, con un micrófono condensador usado y una computadora que tenía dificultades para soportar demasiados canales. Más adelante trabajó con el ingeniero Mario Vallejo y, para Arigato, con el productor Eli Ponce, de Tijuana.

Pero una de las historias más reveladoras del álbum ocurrió en casa: Marly Marly comenzó a grabar voces con un micrófono propio y una solución completamente DIY. Con ayuda de su equipo, acondicionó el espacio con cobijas y tenía que apagar el aire acondicionado de su casa en Mexicali cada vez que hacía una toma para evitar que el ruido se filtrara en la grabación.

Más allá de la anécdota, esa experiencia sintetiza buena parte del espíritu de Arigato: experimentar, resolver y seguir adelante incluso cuando las condiciones no son ideales.

El disco también está atravesado por el lugar desde donde Marly Marly crea. En la conversación reflexiona sobre las diferencias entre las escenas musicales de Mexicali y Tijuana, dos ciudades fronterizas que comparten territorio y vínculos, pero que cuentan con contextos distintos para desarrollar proyectos musicales.

Para ella, el contexto importa. Tijuana cuenta con una escena más grande y con una relación particularmente cercana con San Diego, lo que genera otras posibilidades de circulación para las bandas. Mexicali, en cambio, tiene menos espacios para tocar, aunque también alberga proyectos y músicos de distintos géneros.

Y quizá ahí está una de las claves para entender Arigato: no es solamente un álbum sobre canciones, sino sobre el recorrido que permitió que esas canciones existieran.

Marly Marly reconoce que muchas de sus composiciones parten de sus propias experiencias de vida y que buena parte del disco habla de cerrar ciclos, de entender cuándo algo simplemente no funciona y de tener la capacidad de marcharse. “Saber soltar” se convierte así en una de las ideas que atraviesan el álbum.

Incluso la estructura del disco terminó siendo consecuencia de ese proceso. Originalmente serían ocho canciones, pero una nueva composición, “Tú y yo”, apareció cuando el álbum estaba prácticamente cerrado. La canción se produjo rápidamente y terminó modificando el orden final.

Para describir su propio álbum, Marly Marly propone un moodboard inesperado: azul, blanco y negro; pizza, ramen y Rufles; acción, catarsis y un poco de melancolía. Es una definición tan personal como el proceso que dio origen al disco.

Ahora, con Arigato fuera, aquella experimentación que comenzó sin saber exactamente hacia dónde conduciría terminó convirtiéndose en una obra que Marly Marly describe como su “bebé”: una pieza artística que finalmente pudo compartir con los demás.

Y el viaje continúa. La artista adelantó que el 26 de septiembre abrirá un show en Ciudad de México junto con Dr. Pink y Va por ti, en F*ck Off Room, cerca del Metro Patriotismo.

Versión extendida para revista digital

Marly Marly y el arte de hacer un disco sin saber exactamente hacia dónde iba

Hay discos que nacen de un concepto. Otros encuentran su concepto mientras están siendo hechos.

Arigato, el nuevo álbum de Marly Marly, pertenece a la segunda categoría. La artista pasó alrededor de cinco años trabajando en las canciones que finalmente integraron el proyecto, pero cuando comenzó aquel recorrido todavía no sabía que estaba construyendo un disco. Lo descubrió sobre la marcha, cuando el conjunto de experimentos, canciones y experiencias comenzó a adquirir una identidad propia.

La historia comienza con “Tranquilidad”. Fue la primera canción que Marly Marly produjo para lo que después sería el álbum, aunque en ese momento no tenía conciencia de estar colocando la primera piedra de una obra mayor. La verdadera revelación llegó después, cuando escribió “Arigato” y encontró en esa canción una conexión suficientemente fuerte como para convertirla en el nombre del disco.

“Gracias” en japonés. Una palabra que, en retrospectiva, parece resumir buena parte del viaje.

Un disco construido desde la curiosidad

Marly Marly habla de Arigato como un gran experimento. No se propuso escuchar exclusivamente un género para después reproducirlo. Su método fue mucho más abierto: escuchar, descubrir, absorber y dejar que diferentes referencias se filtraran en su propia manera de hacer música.

En esa constelación aparecen Paramore, Serati, Marilina Bertoldi y Barbie Recanati, pero también el rap, el R&B, el soul y hasta estructuras provenientes del metal. No se trata necesariamente de convertir esas influencias en un género determinado, sino de observar qué hace interesante a una canción o qué encuentra expresivo en la manera en que otro artista construye su música.

La escucha de Marilina Bertoldi tuvo un peso especial. Marly Marly comenzó escribiendo música en inglés y reconoce sus influencias estadounidenses. En algún momento decidió que quería escribir en español y comenzó a buscar referencias que pudieran acompañar esa transición. Ahí aparecieron proyectos como Miró, Marilina Bertoldi y Barbie Recanati.

La búsqueda no era solamente musical: era también una manera de descubrir cómo quería expresarse.

Del cuarto a las cobijas: la ruta DIY de Arigato

Si hay una palabra que define el recorrido de Marly Marly, esa es DIY.

Sus primeras canciones nacieron en su cuarto, utilizando un micrófono condensador usado y una computadora que apenas podía manejar algunos canales. Después conoció al ingeniero Mario Vallejo, con quien comenzó a trabajar y a descubrir, a través de aquellas primeras grabaciones, qué le gustaba, qué no y qué significaba realmente trabajar en equipo para sacar música.

Para Arigato, la búsqueda la llevó hasta Eli Ponce, productor de Tijuana cuyo trabajo terminó convenciendo a Marly Marly después de una búsqueda prolongada.

Pero el álbum no fue grabado exclusivamente bajo condiciones ideales de estudio. Algunas guitarras eléctricas que terminaron en el disco son, de hecho, las mismas tomas de las maquetas que Marly había grabado en casa.

Las voces siguieron una ruta todavía más doméstica.

Con un micrófono y algunos recursos básicos, Marly Marly construyó junto con su equipo una especie de espacio de grabación improvisado. Cobijas, instrucciones a distancia y una regla fundamental: apagar el aire acondicionado cada vez que comenzaba una toma.

El problema era que estaban en Mexicali.

El calor obligaba a salir de la improvisada cabina después de cada grabación para volver a encender el aire acondicionado. Una anécdota divertida, sí, pero también una imagen poderosa de lo que significa producir música independiente cuando los recursos no siempre están disponibles.

Y quizá ahí está uno de los mensajes más claros que deja la conversación: si existe la voluntad de hacer música, siempre hay alguna manera de comenzar.

Mexicali, Tijuana y la música de frontera

La conversación también se desplaza hacia el territorio. Marly Marly reconoce que el contexto en el que un artista vive inevitablemente influye en su música.

Mexicali y Tijuana comparten frontera con Estados Unidos, pero sus escenas tienen características distintas. Tijuana, por su tamaño y su proximidad con San Diego, ofrece una escena más grande y mayores posibilidades de intercambio con proyectos estadounidenses. Mexicali tiene menos espacios para tocar, aunque eso no significa ausencia de talento.

Marly habla desde la experiencia: ha encontrado proyectos de rock, indie, folk y otros géneros, y también ha tejido relaciones con músicos de Tijuana. Esa circulación entre escenas aparece como una de las fortalezas de la música independiente fronteriza.

En ese sentido, Arigato también puede leerse desde el territorio: un álbum construido entre influencias diversas, ciudades fronterizas, referencias estadounidenses y latinoamericanas y una necesidad permanente de encontrar una voz propia.

Aprender a cerrar ciclos

Pero el centro emocional del disco está en otro lugar.

Marly Marly explica que muchas de las canciones parten de sus experiencias de vida y que el álbum está atravesado por una idea recurrente: cerrar ciclos.

No necesariamente desde el drama, sino desde la comprensión de que algunas cosas simplemente dejan de funcionar. Y cuando eso ocurre, también existe la posibilidad de marcharse.

Saber soltar.

Esa idea aparece después de cinco años de trabajo y de un álbum que se fue construyendo casi al revés de como, según ella misma reconoce, normalmente se plantea profesionalmente un proyecto: primero aparecieron las canciones; después buscó qué tenían en común, cómo podía nombrarlas y qué universo podían construir juntas.

Incluso cuando parecía que el álbum estaba cerrado, apareció una canción más. “Tú y yo” iba a convertirse en la pieza que cerraría el disco, pero terminó siendo la penúltima. Una última vuelta de tuerca para una obra que nunca siguió exactamente el plan original.

Un álbum azul, blanco, negro, con ramen y melancolía

Al final de la entrevista aparece un ejercicio inesperado: definir Arigato a partir de tres elementos.

Marly Marly responde con colores: azul, blanco y negro.

Después llegan la comida y las emociones: pizza, ramen, Rufles, una película de acción, algo catártico y un poco de melancolía.

Es un moodboard extraño, divertido y perfectamente coherente con la conversación: un disco que no nació de una fórmula rígida, sino de la experimentación y de dejar que las cosas sucedieran.

Ahora Arigato ya está afuera. Y Marly Marly puede finalmente soltarlo.

La siguiente etapa será llevar esas canciones al escenario. La artista anunció que el 26 de septiembre abrirá un show en Ciudad de México para Dr. Pink, junto con Va por ti, en F*ck Off Room, cerca del Metro Patriotismo.

Cinco años después de comenzar a construir aquel universo, el disco ya no le pertenece únicamente a quien lo creó.

Ahora empieza el viaje de Arigato con quienes lo escuchan.

Propuesta transmedia: acompañar la nota con un carrusel “Del cuarto a Arigato”, recuperando tres momentos de la entrevista: 1) las primeras grabaciones caseras; 2) las cobijas y el aire acondicionado de Mexicali; 3) la idea de cerrar ciclos y aprender a soltar. Como contenido complementario, un Reel/TikTok puede utilizar la anécdota DIY como puerta de entrada y cerrar con el mensaje: “No siempre necesitas el estudio perfecto para comenzar a hacer el disco que tienes en la cabeza.”

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