Conversamos con Jani Dueñas sobre su proyecto musical “Sombra”, cómo la pandemia detonó su faceta como productora y su evolución artística tras 31 Minutos.
El arte de mutar: Jani Dueñas y la construcción de un nuevo yo
La carrera de Jani Dueñas es un ejercicio constante de reinvención. Para muchos, ella es la voz detrás de la ingeniosa Patana en 31 Minutos, un personaje que, confiesa, funciona como su “secreto de juventud”. Sin embargo, detrás de las luces de la comedia y la locución, existe una creadora inquieta que ha encontrado en la música un refugio necesario ante la vorágine del éxito. Su proyecto actual, Sombra, es el testimonio de esa búsqueda: un ejercicio de introspección sonora que nació en la quietud de un estudio casero durante los días más rígidos del confinamiento.
El origen de la música: un accidente virtuoso
La génesis de Sombra no fue un plan maestro, sino una respuesta a la curiosidad. Durante la pandemia, con las giras canceladas y un toque de queda estricto en Chile, Dueñas se refugió en la tecnología. “Compré un curso de Ableton Live”, relata. Lejos de intentar replicar su trabajo en la televisión o el stand-up, se dejó llevar por sus ancestros musicales. Al experimentar con ritmos de drum and bass y ralentizarlos, descubrió que su identidad se inclinaba hacia el trip hop, conectando con la atmósfera de bandas como Portishead o Everything But the Girl.
No hay en este proyecto una intención de competir en rankings, sino una necesidad vital de crear. Para Dueñas, el concepto de sus álbumes —como Hay que morir primero— no es un punto de partida, sino una revelación que ocurre al final del proceso. Es una invitación a dejar atrás las identidades que ya no sirven para hacer espacio a nuevas facetas.
La dualidad como motor creativo
La transición del stand-up comedy —donde el lenguaje se estructura en torno al timing y el remate— hacia la composición lírica ha sido un desafío de edición. “Es como editar con tijeritas”, explica. La sonoridad de las palabras ha tomado prioridad sobre la narrativa directa. En el escenario, esta dualidad es evidente: mientras que con 31 Minutos la energía es lúdica y cercana al público, Sombra exige una atmósfera más íntima, envuelta en humo y luces oscuras.
Dueñas no ve estas facetas como separadas, sino como parte de un mismo “mono porfiado” que, tras cada caída —incluso aquellas percibidas como fracasos mediáticos—, se vuelve a levantar. “La identidad no es fija”, sostiene. Hoy, entre giras, la creación de nuevos sonidos y su faceta de performer técnico —donde ella misma manipula sus efectos vocales en vivo—, Jani Dueñas demuestra que la verdadera maestría artística reside en la capacidad de morir y renacer cuantas veces sea necesario.
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