Descubre la reveladora entrevista con Iván Ferreiro sobre su gira Hoy por Ayer, su
concierto en México, la suerte en la música y su evolución artística.
En un ecosistema musical obsesionado con las métricas, la hiperproductividad y el talento precoz, Iván Ferreiro camina a contracorriente con la serenidad de quien ya no necesita demostrar nada. Recibir al músico gallego en Signo Diario Musical para hablar de su presente —encarnado en el álbum y espectáculo Hoy por ayer— es adentrarse en un territorio donde la sabiduría no se presume, sino que se diluye en la experiencia cotidiana. Ante la etiqueta de “sabio” que con frecuencia le atribuye la crítica y su leal comunidad de oyentes, el exlíder de Los Piratas responde con una humildad tajante: prefiere definirse simplemente como alguien mayor que ha sabido aliarse con el trabajo constante y, sobre todo, con la suerte.
Ferreiro desmitifica la figura del genio virtuoso. Recuerda con lucidez sus años escolares en España, rodeado de compañeros con habilidades instrumentales prodigiosas que, sin embargo, no encontraron el cauce para perdurar. Para el compositor de Nigrán, el talento musical está sobrevalorado si no se combina con una ética de trabajo innegociable y esa variable intangible que es la fortuna. “Hay una parte del mundo que no sé interpretar y la llamo suerte”, reflexiona con una sonrisa. Es justamente esa aleatoriedad, unida a una constante intuición, la que le ha permitido sostener una de las trayectorias más sólidas e influyentes del rock indie español durante más de tres décadas.
La física del instinto y la piel en la composición
Con el paso de los años, la metodología compositiva de Iván Ferreiro ha sufrido una mutación vital. En sus inicios, los años estaban dedicados al aprendizaje, a la asimilación de la técnica y a la búsqueda formal. Hoy, en cambio, la técnica se ha vuelto invisible. Retomando la máxima de que la técnica solo sirve para aprenderla y luego olvidarla por completo, el artista asegura que sus producciones más recientes están guiadas puramente por el instinto musical, el olfato y el tacto. La música, al fin y al cabo, es una experiencia sensorial y emocional que no se somete al rigor de un análisis matemático.
Este principio rige no solo la creación de sus melodías y letras, sino también la dinámica de sus colaboraciones musicales. En un panorama donde las colaboraciones (o featurings) suelen obedecer a frías estrategias de marketing, cross-marketing de audiencias y análisis de algoritmos, Ferreiro defiende una filosofía radicalmente humana. Su reciente colaboración con Sole Jiménez en Hoy por ayer es muestra de ello: lo personal prima invariablemente sobre lo comercial. Para el gallego, acercarse a otro artista no requiere calcular el engagement ni evaluar si la canción encaja en un molde predeterminado. La canción se vuelve buena en la medida en que nace el afecto y la conexión real con la persona.
Subjetividad artística vs. lógica comercial
Ferreiro es enfático al desmarcarse de la objetividad. Considera que el análisis frío y racional corresponde al periodismo —especialmente al político—, mientras que el cometido del músico es abrazar la más absoluta subjetividad. En sus propias palabras, no concibe la idea de trabajar con alguien por conveniencia comercial; si hubiera tomado decisiones bajo ese criterio, su música habría sido sustancialmente distinta. A estas alturas de su vida y carrera, el único motor válido para subir al escenario o encerrarse en un estudio es el afecto, la curiosidad y la piel.
El idilio ininterrumpido con el público mexicano
La relación entre Iván Ferreiro y México trasciende la distancia geográfica y el océano Atlántico. Cada visita al país azteca deja en el músico una huella profunda y dulcísima. Le sigue pareciendo un fenómeno “mágico” e impactante que, a miles de kilómetros de su hogar, miles de voces entonen de principio a fin cada una de sus letras. La calidez del público mexicano y la intensidad con la que se viven sus actuaciones —desde recintos íntimos hasta festivales masivos como el Festival Sonorama— ratifican un vínculo emocional que no deja de fortalecerse.
Momentos memorables, como su cruce de caminos en el escenario con Leiva para interpretar el himno Turnedo, forman parte del imaginario colectivo de la música española en tierras mexicanas. La música demuestra así su capacidad para derribar contextos originarios y conectar con audiencias diversas a través de una misma vibración emocional. Esta complicidad volverá a cristalizarse en sus próximas citas confirmadas: el 3 de septiembre en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México y el 5 de septiembre en Guadalajara, fechas donde el público azteca podrá reencontrarse con su repertorio más emblemático.
Matar la nostalgia para retratar el presente
Emprender una gira de revisión de carrera como Hoy por ayer no estuvo exento de vértigo. Iván Ferreiro confiesa que, tras el entusiasmo inicial, atravesó un momento de pánico al enfrentarse a la persona que fue décadas atrás y a los textos que escribió en otras etapas de su vida. Revisar el pasado implica necesariamente tropezar con los errores, las contradicciones y las decisiones que el tiempo ha modificado. Sin embargo, el antídoto contra el temor volvió a ser la propia música.
Al sumergirse en el repertorio, Ferreiro descubrió que muchas de esas composiciones no solo mantenían su vigencia, sino que continuaban dialogando con su “yo” actual. Para lograrlo, fue indispensable realizar un ejercicio de higiene mental: matar la nostalgia. El músico rehúsa mirar atrás como pasatiempo o refugiarse en la melancolía del ayer. La gira no está concebida como un museo de recuerdos, sino como una fotografía de alta resolución de lo que el artista es hoy. Las canciones antiguas no se rescatan para congelar el tiempo, sino para ser reinterpretadas desde la madurez, la serenidad y la transformación personal.
Cotidianeidad, placeres sencillos y la semilla de Querido
A la par de los grandes escenarios y las luces de los festivales, la vida cotidiana de Iván Ferreiro transcurre en una dimensión de apacible simplicidad. En la actualidad, el músico acompaña la preparación de sus shows disfrutando del verano, los paseos, las reuniones con amigos, su perra descansando a su lado y la complicidad con su esposa. Con el paso de los años, el disfrute se ha vuelto más sereno, liberado de la ansiedad por el próximo viaje o la carretera. Incluso placeres gastronómicos como preparar unos tacos de camarón con mayonesa de chipotle y pico de gallo forman parte de esta etapa de plenitud y equilibrio.
Asimismo, el futuro de la música sigue germinando a su alrededor de manera orgánica. Iván habla con orgullo paternal de Querido, el proyecto musical encabezado por su hijo. Lo que comenzó como una sorpresa ha florecido en un trabajo discográfico que le llena de satisfacción, confirmando que la semilla artística continúa multiplicándose sin presiones, con la misma autenticidad e instinto que han definido siempre la vida de Iván Ferreiro.
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