Descubre cómo Bratty transformó su sonido en su nuevo disco de 2026, colaborando con íconos como Julieta Venegas y explorando el pop experimental tras su paso por Coachella.
El universo creativo de Bratty ha experimentado un cambio de polaridad. Tras consolidarse como una de las voces más honestas de la escena indie, la cantautora sinaloense presenta su nuevo material de estudio este 2026, un álbum que marca un parteaguas en su trayectoria y que ella misma define como un necesario “refresh”.
Lejos de la comodidad de su habitación, donde históricamente gestaba sus maquetas, Bratty decidió esta vez salir al mundo. “Necesitaba probarme que puedo hacer algo diferente, pero que también siga sonando a mí”, confesó durante nuestra charla en Signos Diario Musical. Este proceso, que involucró más de 50 sesiones de grabación, la llevó a trabajar con productores de diversas latitudes y géneros, desde el electropop hasta el pop-rock más clásico, manteniendo siempre el hilo conductor: su esencia y sus inconfundibles guitarras.
El concepto del álbum, representado visualmente por una estrella de cuatro puntas —una metáfora de su cuarto disco y un símbolo de renacimiento—, se construyó como un rompecabezas. “Siento que el universo solito te acomoda las cosas”, afirma, al recordar cómo una vacación en Japón terminó convirtiéndose en una colaboración con la artista Ibu y una presentación en vivo en el país asiático. Esta apertura a lo desconocido también se materializó en una canción grabada en japonés, una osadía que, según ella, demuestra que “uno solito se pone los límites en su cabeza”.
El disco no solo es un ejercicio de reinvención sonora, sino un mapa de colaboraciones estelares. El reencuentro con Ed Maverick, con quien comparte una historia generacional, se siente hoy con una madurez distinta, un regalo para sus fans que han seguido su crecimiento desde los inicios. Por otro lado, la colaboración con Julieta Venegas se perfila como uno de los momentos cumbres de su carrera. “Es una leyenda para mí. Se me hace bien chistoso que ya es mi amiga”, comenta sobre la experiencia de compartir micrófono con una artista que, al igual que ella, ha sabido mantenerse fiel a su esencia a pesar del paso del tiempo.
Con la mira puesta en el futuro, Bratty no solo busca llevar estas canciones a los escenarios, sino elevar la experiencia técnica de sus shows. Ya no es la misma persona que hace tres años pisó Coachella; hoy, su enfoque está en la excelencia, los arreglos y en demostrar que su evolución no tiene techo. Con este nuevo lanzamiento, Bratty se reafirma como una artista que, lejos de temer al vacío, prefiere saltar hacia la luz de su propia estrella.
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