Platicamos con la productora y compositora mexicana GRTSCH sobre la creación de su álbum ‘XXI: Monomita’, el diagnóstico que cambió su arte y la libertad de crear sin pedir permiso.
Hay discos que no solo se escuchan; se sienten en el cuerpo como un fenómeno sísmico. El regreso de la compositora y productora mexicana GRTSCH con su nuevo álbum de estudio, XXI: Monomita, pertenece a esta categoría. Tras tres años de un meticuloso proceso de producción, mezcla y masterización, el material finalmente ha salido a la luz pública, dejando atrás el hermetismo del estudio para convertirse en un objeto de catarsis colectiva.
En entrevista para Signos Diario Musical, la artista comparte la mezcla de felicidad y vértigo que acompaña el desprendimiento de una obra que escuchó más de quinientas veces antes de entregarla al mundo. “Es casi como entregar una tesis o una investigación. Un álbum es tomar una fotografía y capturar un momento específico de tu vida”, reflexiona, dejando en claro que, aunque la conexión con la audiencia es vital, el proceso creativo responde primero a una necesidad interna e innegociable.
El viaje del héroe y la salud mental como catalizador creativo
El concepto detrás de XXI: Monomita no es casualidad. La inspiración directa proviene de la literatura clásica, específicamente de El héroe de las mil caras de Joseph Campbell. La estructura del monomito —el viaje arquetípico que atraviesa umbrales, lecciones, crisis y un aprendizaje final— sirve como el mapa perfecto para entender la evolución personal de la artista. Cada individuo es el protagonista de su propio mito, y en esta etapa de su vida, GRTSCH se asume por completo como la heroína de su historia.
El verdadero punto de inflexión en esta narrativa ocurrió a los 25 años, cuando recibió un diagnóstico de bipolaridad. Lejos de situarse en el rol de víctima, la creadora decidió honrar la complejidad de su mente a través del sonido. Mientras que sus producciones discográficas anteriores orbitaban la densidad de los estados depresivos, este nuevo álbum explora el polo opuesto: la euforia y la manía, abordadas desde una trinchera de salud y aceptación profunda.
“Acepto la manía y la abrazo con mucho amor, viéndola también como un don. Es parte de mí, es lo que me ayuda a crear y abrir portales hacia mi creatividad.”
Del tribal jarocho al techno experimental
El reflejo sonoro de un estado mental acelerado y libre se traduce en una producción de ritmos vertiginosos y combinaciones estilísticas inusuales. El álbum se despliega como una experiencia de beats intensos donde coexisten el tribal jarocho, el techno, el hip hop, el trap, el dembow y el neoperreo.
Un claro ejemplo de esta experimentación es “Terremoto”, el focus track que engloba la tesis del disco. La canción es un neoperreo de tintes oscuros que nació a partir de un sample de Totó La Monposina (específicamente de su clásico “La Verdolaga”). Tras realizar un meticuloso proceso de edición y corte de las pistas de audio (chop), la artista construyó una letra completamente nueva sobre la marcha del ritmo diseñado por su productor de cabecera, Ferdi. El destino quiso que este homenaje sonoro coincidiera de cerca con el fallecimiento de la legendaria cantautora colombiana, cuyo equipo otorgó los permisos correspondientes de manera generosa, dejando la obra como un tributo definitivo a su legado.
Para enriquecer sus estructuras pop tradicionales, la compositora se sumergió en la escucha rigurosa de géneros tradicionales y clásicos alejados del espectro comercial, absorbiendo las complejas métricas de la salsa, los pregones sincopados y la libertad compositiva del jazz. Su bagaje previo como corista de la Banda Bastón durante seis años también aportó la calle y la cadencia urbana que hoy define su entrega vocal.
El valor de la colectividad y el manifiesto feminista
Históricamente celosa de su obra, GRTSCH confiesa que solía ser una compositora cerrada que buscaba controlar cada letra, línea melódica y detalle de producción. No obstante, el desarrollo de XXI: Monomita significó romper esa inercia para transformarlo en un álbum profundamente colaborativo. La selección de invitados respondió a dos filtros estrictos: una profunda admiración mutua y la posesión de un universo creativo propio y “loquillo”.
El disco cuenta con la participación de figuras clave del entorno musical independiente:
- Cuow: Cómplice cercano con quien comparte códigos estéticos e ideológicos.
- Monón: Un artista que encarna la filosofía de navegar entre múltiples géneros sin pedir autorización a la industria.
- Orestes Gómez: Destacado percusionista venezolano y el primer baterista que acompañó el proyecto en directo durante el Festival Marvin.
- Sonex: Colectivo veracruzano fundamental para la amalgama de son jarocho experimental.
- Mediopicky: Productor de la República Dominicana con quien dio vida al track “Mamita”.
Este entramado de mentes creativas refuerza un claro manifiesto político y de género dentro de la industria musical actual. Frente a las dinámicas machistas arraigadas en géneros como la salsa o el entorno urbano, el proyecto se planta desde la autonomía. Apropiarse de los espacios y expresarse con absoluta soltura es, en palabras de la artista, un acto inherentemente feminista: crear bajo la premisa de sentirse libre de ocupar cualquier lugar en el mapa artístico sin tener que pedir permiso a nadie.
Fuerza total de cara a los escenarios
La potencia visual del disco queda sintetizada en la fotografía de su portada, una imagen elegida para proyectar certeza y vigor. “Transmite fuerza total. Es decir: estoy lista para lo que venga”, asegura con contundencia.
Esa misma convicción se trasladará a las presentaciones en vivo. Rechazando la tendencia contemporánea de depender exclusivamente de pistas de acompañamiento o sets de DJ, la artista se presentará con un ensamble completo de diez músicos sobre el escenario (full band). La instrumentación en directo incluirá una sección de metales y percusiones complejas, con el firme propósito de recrear y elevar de manera orgánica cada textura electrónica diseñada en el estudio de grabación.
El viaje concluye con “Guerra”, una colaboración armada junto a Sonex y Orestes Gómez que funciona como declaración final de principios. Es una amalgama de son jarocho con trap cuya consigna es clara y contundente: no dejarse de nadie y defender con garra la identidad propia ante cualquier adversidad. El viaje del héroe ha terminado, y la heroína está más que lista para reclamar su lugar.
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