Antonio Tranquilino habla del regreso de Yokozuna, el grunge, Nirvana, Quiero Venganza, la censura y la presentación del 15 de agosto.
Hay recuerdos que no necesitan una canción para volver. Basta con mencionar un disco, una guitarra, una batería o incluso un viaje familiar en el que tres hermanos se turnaban para decidir qué sonaba en el cassette. Para Antonio Tranquilino, la música está hecha de esos momentos: de escuchar, sentir, tocar y hacer sentir.
Ahora, una parte de esa memoria vuelve a tomar forma.
Yokozuna se reencontrará con su público el próximo 15 de agosto en el Fuck Off Room, en una presentación que Antonio Tranquilino entiende menos como un regreso definitivo que como una oportunidad excepcional para volver a tocar algunas canciones que marcaron una época.
Y esa diferencia es importante.
Porque hablar con Tranquilino sobre Yokozuna no significa solamente hablar de una banda. Significa hablar de hermanos, de discos compartidos, de una educación musical construida fuera de los algoritmos, de la necesidad de experimentar y de una escena en la que todavía era posible descubrir música a través de un amigo que tenía “el clásico tío en el gabacho” que conseguía discos imposibles de encontrar en México.
El descubrimiento de que dos podían hacer mucho ruido
Antes de que Yokozuna encontrara su propia identidad, Antonio y su hermano ya compartían una especie de lenguaje musical.
Había viajes familiares en los que cada integrante tenía derecho a elegir un cassette. Y mientras su hermana podía poner un disco, después tocaba el turno de Antonio y luego el de su hermano, ellos dos ya tenían una coincidencia particularmente intensa: podían ponerse de acuerdo para escuchar durante horas un mismo álbum.
Neil Young podía ocupar todo un trayecto.
Ese vínculo sería fundamental cuando llegó el momento de preguntarse si aquello que hacían en casa podía convertirse en una banda.
La respuesta comenzó a aparecer cuando ambos se sumergieron en el grunge. Nirvana fue particularmente importante. Antonio recuerda el impacto que tuvo escuchar Bleach, un disco que les hizo pensar que, aunque todavía tenían mucho que aprender de sus instrumentos, podían construir algo con fuerza y personalidad.
“School” fue especialmente reveladora.
La idea no era solamente tocar bien. Era conseguir un impacto.
La influencia también llegó desde otros lugares: John Spencer Blues Explosion, Violent Femmes, The Presidents of the United States of America y distintas bandas de la escena de Seattle. Todos ellos demostraban que una banda no necesitaba necesariamente una formación convencional para conseguir una identidad sonora.
Yokozuna encontró ahí una posibilidad: reducir los elementos sin reducir la potencia.
Quiero Venganza: un disco que todavía tiene cosas que decir
Hay canciones que se convierten en himnos personales y otras que sobreviven por razones menos evidentes. Antonio Tranquilino piensa que algunas de las canciones de Yokozuna que más han perdurado no necesariamente fueron las que tuvieron una mayor representación social o un éxito inmediato.
En ese sentido, Quiero Venganza ocupa un lugar especial.
El disco fue una experiencia compleja. Musicalmente, la banda experimentó con sonidos y procesos de grabación poco convencionales. La batería fue llevada a amplificadores y regresada hacia los micrófonos para conseguir una textura particular.
El resultado fue también una forma de desafiar expectativas.
Pero Quiero Venganza cargó con otra historia.
Su circulación en México se vio complicada por la censura relacionada con uno de sus videos, en el que se mostraba a los agresores de manifestantes de Atenco. Tranquilino recuerda aquella etapa como un momento especialmente difícil, en el que incluso recibió amenazas relacionadas con el contenido del trabajo.
La música, entonces, dejó de ser solamente música.
El disco se convirtió en documento, postura y contexto.
Del grunge al cine: la música también está en una flauta dulce
Con el paso de los años, Antonio Tranquilino encontró otros espacios para desarrollar su relación con la música. Actualmente está dedicado en buena medida a la música para cine y televisión, y esa experiencia le ha permitido regresar a una idea muy básica: cualquier objeto puede convertirse en un instrumento si sirve para construir una emoción.
Para un proyecto relacionado con una historia que sucede parcialmente en una escuela, necesitaba una sonoridad infantil.
La solución fue comprar una flauta dulce.
La misma clase de instrumento que alguna vez estuvo asociado con los ejercicios escolares terminó incorporándose a un proceso profesional en el que también aparecen MIDI, arreglos de chelos, mezclas y horas de estudio.
La anécdota resume una de las ideas centrales de la conversación: para Tranquilino, la esencia de la música no ha cambiado.
Escuchar.
Sentir.
Tocar.
Y hacer sentir y escuchar.
Volver, pero no quedarse ahí
Ahora toca regresar a las canciones de Yokozuna.
Los ensayos ya comenzaron y el músico reconoce que el cuerpo también cuenta otra historia. Lo que antes podía significar ocho horas de ensayo porque la música era trabajo, pasión y sustento, hoy implica una exigencia física diferente.
La batería pesa.
Los años pesan.
Pero también existe otra manera de mirar esas canciones.
Tranquilino no quiere convertir el regreso en una obligación de repetir el pasado. Al contrario: insiste en que aquella experiencia ayudó a construir el presente, pero que perpetuar el pasado no necesariamente es saludable.
Por eso la fecha tiene un significado preciso.
Una sola noche
Una ocasión para volver a tocar esas canciones, recuperar una parte de la memoria y celebrar lo que significaron, sin fingir que el tiempo no pasó.
Porque Antonio y su hermano ya no son los mismos músicos.
Tampoco son las mismas personas.
Y quizá ahí esté el verdadero sentido del reencuentro: no intentar volver a ser quienes fueron, sino encontrarse nuevamente con aquello que todavía puede decir algo desde el presente.
El cierre de la entrevista lo deja claro. Cuando llega el momento de elegir una canción para acompañar el final, Tranquilino no duda:
“Quiero Venganza”
La canción que atravesó una época complicada, la que estuvo rodeada de censura, la que forma parte de una historia musical que todavía permanece.
Esta vez, sonará otra vez.
Yokozuna vuelve por una noche.
Y quizá algunas canciones nunca se fueron.
PUÑO DRAGÓN: volver a sentir el vértigo como si fuera la primera vez
Puño Dragón habla de “Suave”, su próximo disco, la autoproducción, el estudio propio y el salto que …
Yokozuna vuelve por una noche: Antonio Tranquilino habla de música, memoria y más
Antonio Tranquilino habla del regreso de Yokozuna, el grunge, Nirvana, Quiero Venganza, la censura y…
El instinto inquebrantable de El Shirota: autogestión y el arte de mutar en la independencia
Mauricio de El Shirota revela en entrevista con Bullterrier FM los retos de la autogestión, la gira …
Nova Club presenta Íntimos Extraños: el EP que marca una nueva etapa para la banda
Nova Club habla sobre Íntimos Extraños, su proceso creativo, las colaboraciones, la producción de Ra…
Bailar la tristeza y honrar el proceso: Los Discorde conversan sobre ‘Reflejo’ y su travesía por SXSW
Descubre la historia detrás de ‘Reflejo’, el nuevo sencillo de Los Discorde. La banda de…
Entre el folklore latinoamericano y el pop de la nostalgia: Sofía Macchi celebra una década de camino y su regreso a México
La cantautora argentina Sofía Macchi regresa a México tras dos años para celebrar 10 años de carrera…








