Descubre la propuesta de Gina de Soto, la artista cubana que rompe esquemas fusionando R&B Latino, jazz latino y la herencia de la Nueva Trova cubana.
La tarde en la Ciudad de México es un hervidero de estímulos, un monstruo sonoro que intimida a cualquiera. Para la artista cubana Gina de Soto, el bautismo de fuego no llegó a través del tráfico interminable, sino con un plato de tacos de sirloin escoltado por una treintena de salsas picantes. “Pusieron como 300 tipos de picantes y yo como que, ¿cuál pica menos?”, confiesa entre risas en Signos Diario Musical. Esta anécdota es el preámbulo perfecto para diseccionar un universo artístico lleno de capas y contrastes. Gina no tolera el picante en el paladar, pero su propuesta musical destila una picardía y calidez que desafían cualquier frontera.
Hacer R&B Latino desde una raíz como la cubana es un acto de audacia estética. En una era de fórmulas algorítmicas, la entrevista a Gina de Soto revela a una creadora que entiende la tradición como un laboratorio vivo. Con un sólido trasfondo en el jazz latino, la compositora tiende un puente entre la sofisticación armónica norteamericana y el pulso visceral del Caribe. Su propuesta, descrita como un sonido spacy y flotante, es el mapa de su propia existencia: el testimonio de una mujer que habita la dualidad de haber nacido en Cuba y haberse curtido en el circuito multicultural de los Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los nuevos talentos latinos más fascinantes de la actualidad.
El eslabón perdido entre la Nueva Trova y el R&B contemporáneo
Cuando pensamos en la música de Cuba, el inconsciente colectivo viaja hacia el son tradicional o la salsa. Sin embargo, Gina de Soto propone una arqueología sonora mucho más subterránea. Durante la charla, destaca la influencia de la Nueva Trova cubana —con figuras como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés— y cómo este fenómeno derivó en un movimiento conocido como el feeling (o filin). Este género, nacido en La Habana a mediados del siglo XX, era la fusión de la riqueza armónica del jazz con el lirismo íntimo de la canción de autor.
Del ‘feeling’ al sonido ‘spacy’
“Me di cuenta de que esa era la versión más cruda del principio del R&B en Cuba”, explica de Soto. Al rescatar el espíritu del feeling, la cantante legitima el uso de la armonía compleja dentro del pop urbano actual. Su misión es demostrar que la música cubana alternativa posee una paleta de colores infinitamente más rica de lo que los cánones comerciales se han atrevido a explotar. Este trasfondo se traduce en canciones donde los acordes de tensión del jazz coexisten con sintetizadores atmosféricos y líneas de voz que evocan tanto el neo-soul como la canción caribeña tradicional.
And we laughed and we cried: Un mapa bilingüe de la identidad
El año pasado marcó un hito fundacional en su carrera con el lanzamiento de su álbum debut, And we laughed and we cried (Y reímos y lloramos). Una obra compacta de siete canciones y apenas media hora de duración que funciona como la piedra filosofal de su discurso artístico. En este material, de Soto se niega a someterse a la tiranía de un solo idioma, entrelazando el inglés y el español con la fluidez de quien piensa y ama en Spanglish. Lejos de ser una estrategia de marketing, el bilingüismo responde a una necesidad de honestidad brutal.
Componer sin forzar el idioma
“Cada canción es un mundo. Si la canción sale en inglés, yo no la voy a forzar a que sea en español, y viceversa”, afirma. Para Gina, las lenguas son vehículos de memorias específicas. Las experiencias ligadas a su identidad profunda encuentran su cauce natural en el castellano, mientras que los relatos de romance de su vida en el extranjero se manifiestan en inglés. El resultado es un retrato sónico tridimensional, libre de costuras forzadas, donde la fonética de cada idioma es aprovechada para generar diferentes texturas rítmicas y melódicas.
El “hermoso desastre” del en vivo: Rompiendo la barrera del escenario
Si en el estudio Gina de Soto es una cirujana meticulosa que busca simplificar mezclas, sobre el escenario se transforma en una fuerza de la naturaleza indomable. Ella misma se define como “un desastre en la mejor manera posible”. Su filosofía del show en vivo rompe por completo la cuarta pared. En sus conciertos no hay espacio para la contemplación pasiva; suele bajarse del escenario e interpelar a los asistentes: “Bueno, canta, dale”. Esta búsqueda de integración convierte cada presentación en un ritual comunitario de baile y flowcito.
El público mexicano y la cita acústica en Marcal
Ante el choque cultural que genera su propuesta bilingüe en audiencias angloparlantes, la artista despliega un ingenio afilado: “Si nosotros usamos Duolingo para entenderlos a ellos, ¡que usen Duolingo ellos para entendernos a nosotros!”. Esta actitud magnética es la que ha encendido el radar musical en México. A través de sus plataformas digitales, de Soto descubrió un núcleo de oyentes sumamente fieles en territorio mexicano. Este idilio digital tendrá su primer correlato físico este jueves en Marcal, un recinto íntimo de la capital donde ofrecerá un formato acústico especial. Aunque desprovista momentáneamente de su banda, Gina promete que la energía no perderá un solo ápice de su esencia sabrosa.
El futuro es caribeño, en español y radicalmente alternativo
El viaje de Gina de Soto apenas comienza. Con la experiencia acumulada tras la producción de su primer disco, la compositora ya diseña su próximo paso evolutivo. Reveló en exclusiva que se encuentra en la etapa final de composición de su segundo álbum, un trabajo de larga duración que promete ser profundamente personal y estéticamente más arriesgado.
Para esta nueva entrega, la experimentación será el eje motor con el fin de consolidar un diálogo directo con el público de Latam. El disco se inclinará casi en su totalidad hacia el español y los ritmos de raíz caribeña, exploring ramificaciones que desafían las convenciones comerciales. Además, contará con colaboraciones de diversos artistas de la escena independiente latinoamericana. Gina se aleja voluntariamente de las fórmulas seguras para reclamar su lugar en la vanguardia. Como carta de presentación para quienes aún no se han sumergido en su propuesta, nos deja los sencillos “Si me miras” —una audaz colaboración con el pianista Zquías— e “Inner”, el corte que inició todo. La mesa está puesta; solo queda pedir la salsa más suave y dejarse llevar por el flow.
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