En una industria musical donde la inmediatez parece dictar las reglas, Rafa Parra se mueve en una lógica distinta: la del ensayo constante, el error necesario y la intuición como brújula. Su más reciente sencillo, “No te conviene”, en colaboración con Free Kids, no solo es un track pegajoso —de esos que, como él mismo advierte, “no vas a dejar de repetir en lo que queda del día”—, sino también una radiografía de su evolución artística.
Desde sus primeras aproximaciones a la música, Parra tuvo claro que lo suyo no sería un camino improvisado. La conexión viene de casa. “Mi mamá siempre ha amado la música. Canta con mariachi cada vez que puede”, recuerda. Esa influencia temprana sembró una inquietud que más tarde tomaría forma en la batería, su primer instrumento.
Sin embargo, fue durante la secundaria cuando su relación con la música dio un giro más personal. Entre cuadernos y rimas, comenzó a escribir rap, un ejercicio que hoy identifica como su primer acercamiento real a la composición. “Ahí fue cuando empecé a escribir mis propias cosas y llevarlas a la práctica”, explica.
Ese proceso no fue solitario. Junto a su mejor amigo —hoy productor de su proyecto— comenzó a experimentar con softwares como Logic Pro y FL Studio. Las primeras canciones, admite, no eran precisamente memorables, pero sí lo suficientemente motivantes como para seguir adelante. “En ese momento era lo mejor que habíamos hecho”, dice entre risas.
Esa perspectiva, lejos de ser ingenua, revela una de las claves de su crecimiento: entender la música como un proceso evolutivo. Volver a escuchar sus primeras canciones hoy le permite identificar áreas de mejora, pero también reconocer el valor de haber empezado. “Eso es lo lindo de sacar música: ver cómo evolucionas”.
Encontrar el sonido propio
Uno de los mayores retos para cualquier artista emergente es construir una identidad sonora. En el caso de Rafa Parra, ese proceso ha sido deliberado y exploratorio.
“Al principio estaba muy en el pop”, cuenta. Luego vinieron incursiones en el reggaetón, hasta llegar a una fusión que hoy define mejor su propuesta: afrobeat, merengue y matices urbanos.
Pero no se trata solo de géneros. Su voz también ha sido un terreno de descubrimiento. “Antes sentía que no alcanzaba ciertas notas, ahora ya puedo y hasta ir más allá”, explica. Esa evolución técnica se refleja en la manera en que aborda cada canción.
En “No te conviene”, por ejemplo, opta por una interpretación más íntima, casi susurrada. “Es como hablarle al oído a quien escucha”, describe. En contraste, otras canciones de su repertorio exploran registros más altos y energéticos, dependiendo de la emoción que busque transmitir.
La disciplina detrás del “momento mágico”
Contrario al mito del artista que espera la inspiración, Parra insiste en la importancia del trabajo cotidiano. “Sí es algo de todos los días: prueba y error”, afirma.
Su rutina incluye escribir constantemente —aunque muchas ideas no lleguen a convertirse en canciones— y un ejercicio clave: terminar lo que empieza, incluso si el resultado no le convence. “Aunque sean malas, hay que acabarlas. Eso te hace mejorar”.
Esa disciplina convive con momentos de espontaneidad que, cuando llegan, lo cambian todo. “Hay veces que puedo tardar cinco días en una canción y no me gusta, y otras que en una hora sale algo que me encanta”.
Es esa dualidad —trabajo metódico e intuición— la que sostiene su proceso creativo.
El origen de “No te conviene”
La colaboración con Free Kids no fue inmediata, aunque el terreno ya estaba preparado. Ambos proyectos compartían audiencia y presencia en redes sociales, donde los fans constantemente sugerían una colaboración.
El encuentro definitivo ocurrió en el Flow Fest. “Los vi en backstage y dije: ‘ya es ahora’”, recuerda. El acercamiento fue natural y, semanas después, ya estaban en el estudio.
A diferencia de otras sesiones, Parra llegó preparado con su productor, quien llevó dos beats. El primero no convenció, pero el segundo —el que terminaría siendo la base de “No te conviene”— generó una reacción inmediata. “Les encantó”.
La canción se construyó de manera colectiva y quedó terminada en un solo día, un contraste interesante con su filosofía de trabajo prolongado. Para Parra, este tipo de experiencias refuerzan el valor de la colaboración.
“Aprendes a soltar el ego”, afirma. “Si sabes escuchar, se crea algo chido”.
Entre la intimidad y la euforia
Aunque aún no ha recorrido grandes circuitos de festivales, Rafa Parra ha tenido experiencias que le han permitido contrastar escenarios. Por un lado, los shows íntimos, donde el público está ahí específicamente por él; por otro, festivales como el Flow Fest, donde se enfrenta a audiencias nuevas.
Ambos espacios tienen su encanto. “En festivales es pura euforia, pero en shows propios es algo muy íntimo”, explica.
Su participación en el Flow Fest, además, tuvo un componente inesperado: fue invitado a presentarse prácticamente de último momento. “Eso te enseña que siempre tienes que estar listo”, reflexiona.
Lo que viene
Lejos de conformarse, Rafa Parra ya piensa en el siguiente paso. Su objetivo es claro: consolidar un año de lanzamientos que lo lleve de regreso a escenarios más grandes, como el South by Southwest.
“Quiero llegar preparado, saber a qué voy y disfrutarlo”, dice.
Mientras tanto, su agenda sigue creciendo. El próximo 25 de abril se presentará en Monterrey, una ciudad que visitará por primera vez y donde espera replicar esa conexión que ha ido construyendo paso a paso.
En un panorama saturado de propuestas, Rafa Parra apuesta por algo menos inmediato pero más sólido: construir una carrera desde la constancia, la experimentación y la honestidad creativa.
Y si “No te conviene” es un indicio de lo que viene, es probable que su nombre empiece a sonar cada vez más fuerte.

