INMIGRANTES revela el secreto analógico de PERDÓN junto a JAY DE LA CUEVA 🎸 Entrevista

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Descubre los secretos detrás de "Perdón", el nuevo sencillo de la banda Inmigrantes junto a Jay de la Cueva. Entrevista exclusiva sobre su grabación en cinta en Sonic Ranch y su evolución musical en 2026.

Descubre los secretos detrás de “Perdón”, el nuevo sencillo de la banda Inmigrantes junto a Jay de la Cueva. Entrevista exclusiva sobre su grabación en cinta en Sonic Ranch y su evolución musical en 2026.

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El tejido vivo del rock en español posee una memoria implacable, pero también premia la persistencia de las almas verdaderamente genuinas. Tras un prolongado silencio discográfico que se vio forzosamente congelado por el estallido de la crisis sanitaria mundial en 2021 —justo en el umbral de la salida de su aclamado álbum América—, los hermanos gemelos Carlos y Pablo Silberberg están listos para reclamar su lugar. El esperado regreso de la banda Inmigrantes no se da a través de fórmulas predecibles ni atajos comerciales, sino mediante una profunda alianza transcontinental que une las raíces de la música rock argentina con la inagotable energía de las colaboraciones mexas.

Su carta de presentación en este ciclo es el nuevo sencillo Perdón, una vibrante composición que cuenta con la participación estelar de nuestro respetado y polifacético Jay de la Cueva. Esta entrega representa el último adelanto antes de que el nuevo universo de la agrupación vea la luz en su totalidad a finales de este año. En una íntima conversación que transitó fluidamente entre la anécdota técnica y la mística creativa, los músicos de Avellaneda desglosaron cómo la vulnerabilidad, el desapego tecnológico y los giros inesperados del destino terminaron por dar forma a su obra más ambiciosa hasta la fecha.

El milagro de una canción rescatada del olvido

La gestación de un éxito pocas veces sigue un mapa lineal. En el caso de “Perdón”, el camino estuvo a punto de truncarse de manera definitiva. Curiosamente, la canción fue rechazada en primera instancia por su propio productor, quien resulta ser el tercer pilar creativo de la familia Silberberg: su propio hermano. “Es una canción que, ni bien la compusimos y empezamos a producir, sentimos que encajaba muy bien con el estilo y la lírica que buscábamos, pero a nuestro productor no le convenció al principio”, confiesa Pablo entre risas. El track permaneció congelado durante tres extensos meses en una carpeta digital de descartes provisionales.

Fue solo después de un viaje del productor y una revaluación accidental de los archivos que la magia volvió a reclamar su espacio. La insistencia silenciosa de la melodía demostró que las grandes composiciones poseen una vida propia que se resiste a ser archivada. Al rescatarla, el nombre de Jay de la Cueva surgió de forma natural. La amistad con el músico mexicano se había consolidado años atrás en las calles de Buenos Aires, cimentada sobre un profundo respeto mutuo y afinidades que trascienden los escenarios, incluyendo un curioso y compartido amor por los animales, elemento que los fanáticos no tardaron en notar y celebrar a través de las redes sociales del dúo.

“Para que este tipo de cosas funcionen y no se sientan plásticas, debe existir una afinidad espiritual real y un respeto mutuo indestructible. Con Jay, sabíamos desde el primer acorde que su voz debía entrelazarse con la nuestra. Además, la estructura clamaba por un solo de guitarra desgarrador, y él era la única persona capaz de otorgarle esa identidad única”, explica Carlos con profunda convicción.

El santuario de Sonic Ranch: Grabar con las reglas del pasado

Buscando huir del sonido estéril de la sobreproducción digital contemporánea, los hermanos empacaron sus maletas y se trasladaron al legendario complejo de estudios Sonic Ranch, enclavado en el desierto de Texas. Lo que originalmente se planeó como una sesión exprés dedicada exclusivamente a capturar guitarras, se transformó rápidamente en una inmersión absoluta y mística que redefinió el ADN sonoro del álbum entero.

En las entrañas del desierto tejano, los hermanos Silberberg optaron por abrazar la vulnerabilidad extrema recurriendo a la producción musical en cinta analógica y limitando severamente la intervención de la tecnología moderna. En una época dominada por la edición milimétrica del Pro Tools, el dúo tomó la osada decisión de grabar sus voces de manera simultánea en el mismo espacio físico, un ejercicio que no realizaban desde sus inicios. “Entramos los dos juntos al estudio, parados frente a frente, compartiendo el aire y la energía anímica del momento. Fue un dolor de cabeza posterior para los ingenieros durante el proceso de mezcla porque mi voz se colaba en su micrófono y viceversa, pero capturó una verdad interpretativa que es imposible de emular artificialmente”, detalla Pablo.

Esta filosofía old school se extendió a la instrumentación: las guitarras del disco se grabaron prescindiendo de pedales de efectos, conectando los instrumentos clásicos de los años sesenta directamente a amplificadores vintage de la mítica colección del rancho en tomas únicas o dobles. Adicionalmente, el catálogo de instrumentos del estudio les permitió experimentar como niños en una juguetería, incorporando pianos de cola, pianos de pared verticales, y los inconfundibles matices psicodélicos de los órganos Hammond y Farfisa.

Sin embargo, la verdadera genialidad del larga duración radica en el choque cultural. Lejos de cerrarse al presente, decidieron equilibrar esta crudeza orgánica aliándose con el reconocido productor estadounidense Scoop Deville. El célebre creador de beats aportó un contrapeso tecnológico puro de vanguardia, generando una rica colisión de mundos donde el rock clásico y el diseño de audio moderno coexisten sin canibalizarse.

La dualidad de los gemelos: Del caos absoluto a la disciplina

Al indagar en la psicología creativa de los hermanos, sale a la superficie una dinámica de complementariedad perfecta donde los roles cambian constantemente para evitar el estancamiento. Lejos de presentarse como un bloque monolítico y predecible, los gemelos operan bajo una estructura de tensiones constructivas que ellos mismos denominan el juego del “gemelo malvado y el gemelo bueno”.

“No somos para nada artistas prolijos que tienen cada paso diagramado en un pizarrón. Nuestro proceso creativo inicial es un caos absoluto de ideas sueltas. Podemos tener más de veinte canciones crudas sobre la mesa y es en el estudio donde permitimos que se reordenen solas”, comenta Carlos, quien se describe como el encargado del pulido de letras, la revisión minuciosa de las melodías y el ordenamiento conceptual. Por su parte, Pablo es el ejecutor de precisión, encargado de materializar las guitarras, los teclados y los intrincados arreglos vocales en las maquetas.

Esta honestidad brutal los lleva a admitir que el autoboicot es parte de su naturaleza: “El artista que está permanentemente satisfecho con lo que hace no está buscando evolucionar. Nosotros nos cuestionamos constantemente; incluso la noche anterior nos planteábamos si una canción ya terminada debía salir o no a la luz. Si le decimos eso a nuestro productor, nos cuelga directamente en el Zócalo”, confiesan entre risas.

El horizonte de 2026: Desafiando la marea del futbol mundial

Con el nuevo sencillo Perdón resonando con fuerza, el dúo se prepara para llevar este sonido orgánico a los escenarios en un formato directo que defiende su esencia minimalista. Al consolidarse como un dúo dinámico en lugar de una banda tradicional, han aprendido a adaptarse con flexibilidad a los formatos en vivo, combinando bases analógicas con el disparo de pistas digitales controladas por ellos mismos mientras ejecutan guitarras y teclados en tiempo real.

Al ser cuestionados sobre las fechas definitivas del lanzamiento del álbum y una gira formal por la República Mexicana, los músicos demuestran un sabio pragmatismo influenciado por el calendario global de este 2026. Conscientes de la inminente llegada de la justa mundialista de fútbol que paralizará al planeta entero con su nuevo formato expandido de 104 partidos, prefieren dosificar sus lanzamientos estratégicamente paso a paso, como si cortaran “piezas finas de sashimi”.

“Ponerse fechas inamovibles o agendar conciertos importantes en medio del torneo sería un auténtico disparo en el pie. Imagínate estar en una prueba de sonido crucial mientras se disputa una semifinal histórica; las salas estarían completamente vacías”, analiza Carlos con lucidez futbolística. Mientras tanto, se declaran listos para integrarse al circuito de festivales y salas íntimas una vez que la fiebre del balón ceda el paso, arriesgándose incluso a lanzar su propia predicción para la gran final del torneo: un inédito duelo entre Países Bajos y Portugal. Con la mirada fija en el presente y las raíces firmes en su verdad artística, Inmigrantes demuestra que el rock honesto no teme al tiempo ni a las modas.

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