Félix Vestre en CDMX: entrevista sobre Yoru, su show en Indie Rocks y la nueva electrónica latinoamericana

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Félix Vestre habla de su EP Yoru, su show en el Foro Indie Rocks y cómo mezcla electrónica, emoción y narrativa en la nueva escena musical latinoamericana.

La noche, el club, el neón y la emoción: en el universo de Félix Vestre todo convive. No como elementos aislados, sino como capas que se superponen hasta formar una experiencia sensorial donde lo bailable y lo introspectivo dejan de ser opuestos.

El productor y músico argentino llegó a México tras presentarse en Acapulco, en un festival donde —según cuenta— encontró un público que ya coreaba sus canciones, pero también a nuevos escuchas que conectaron de inmediato con su propuesta. Ahora, con una fecha en el Foro Indie Rocks, Vestre se prepara para un show que sintetiza su identidad artística: energía electrónica, momentos íntimos y un recorrido por su discografía.

“Va a ser un vaivén de emociones”, explica. Y no es una frase hecha. En sus presentaciones conviven sintetizadores, guitarra, samplers y una narrativa sonora que transita entre lo oscuro y lo luminoso. Hay momentos densos, casi hipnóticos, y otros donde la música se abre hacia lo melódico y lo nostálgico.

Su más reciente trabajo, Yoru, es una declaración de ese lenguaje híbrido. El EP —construido a lo largo de más de dos años— no responde a una lógica lineal de producción, sino a una búsqueda constante. Algunas canciones nacieron hace tiempo, otras apenas días antes de su lanzamiento, pero todas encuentran cohesión en un concepto claro: la noche como espacio creativo y emocional.

El punto de partida fue “Noches alegres, mañanas tristes”, el track que define el tono del proyecto. “Le da como ese ambiente nocturno, de fiesta, bastante electrónico y clubero”, explica. La inspiración vino, inesperadamente, del cine: Enter the Void, de Gaspar Noé. La estética lisérgica, la oscuridad y las luces de neón de la película se filtraron en el sonido del EP, incluso a través de samples que Vestre integró en distintas canciones.

Esa influencia no es superficial. En su música hay una traducción directa de ese universo visual a lo sonoro: beats profundos, atmósferas densas y melodías que contrastan con una sensibilidad casi melancólica. Es ahí donde aparece una de las claves de su propuesta: la dualidad.

“Hay beats oscuros y muy cluberos, pero con melodías más suaves, más nostálgicas”, señala. Esa tensión entre lo emocional y lo físico —entre lo que se siente y lo que se baila— define la experiencia de escuchar a Félix Vestre. Y también de verlo en vivo.

Lejos de los sets convencionales de DJ, sus shows funcionan como un híbrido performático. Canta, toca instrumentos, manipula sonidos en tiempo real y construye una narrativa que dialoga con el público. “Trato de llevar un poco la fiesta al show y el show a la fiesta”, resume.

Pero si hay algo que distingue su trabajo dentro de la escena electrónica es el peso de la lírica. En un género donde históricamente la palabra ha sido secundaria, Vestre apuesta por letras que nacen desde la emoción más inmediata. No hay fórmulas rígidas: a veces comienza por la melodía, otras veces la letra surge de golpe, casi como un impulso.

Así ocurrió con “Perdiéndome en el mood”, uno de sus temas más conocidos. “Fue como un vómito de ideas, en cinco minutos ya estaba listo”, recuerda. Ese tipo de procesos intuitivos se convierten en el núcleo de su escritura: capturar el momento antes de que se diluya.

“La música es mi lugar donde descargo todo lo que estoy sintiendo”, dice. Y en esa descarga hay una intención clara: generar conexión. No solo desde el cuerpo —el baile, el ritmo— sino también desde lo emocional. Lo que él mismo describe como un momento casi liberador en la pista de baile.

En Yoru, esa lógica también se extiende a las colaboraciones. Artistas como Seven Kayne, Pink Pablo y Caleb se integran sin alterar la esencia del proyecto. Más bien, se adaptan a su universo sonoro, en procesos que surgieron de manera orgánica, muchas veces a partir de interacciones en redes sociales.

“Se complementó muy bien”, asegura. Y ese equilibrio habla de un artista que tiene claro su lenguaje, pero que también entiende la colaboración como una extensión natural de su proceso creativo.

Ese proceso, por cierto, comienza casi siempre desde la producción. Vestre se define a sí mismo más como productor que como cantante. “Soy un productor que canta”, afirma. Su método parte del sonido: acordes, sintetizadores, texturas. Solo cuando el track está completamente construido, aparece la voz.

Esta lógica no solo define su música, sino también su identidad dentro de una escena que está en plena transformación.

En Argentina —y en gran parte de América Latina— la música electrónica ha dejado de ser un nicho para convertirse en un fenómeno masivo. Festivales, nuevos proyectos y una audiencia cada vez más abierta han impulsado un crecimiento que, según Vestre, se aceleró a partir de 2023.

En ese contexto, su propuesta ocupa un lugar particular: el punto de encuentro entre la canción y el club.

“Quería conectar a gente que todavía no le llegaba la música electrónica”, explica. Su música funciona como un puente: mantiene la estructura emocional de la canción, pero la inserta en un entorno bailable. El resultado es una experiencia accesible, pero no por eso menos arriesgada.

Hoy, dice, el público está listo para explorar. “Siento que hay lugar para todo. Cuanto más raro, mejor”.

Esa apertura también se refleja en su relación con su propia obra. Vestre revisita constantemente sus canciones, las reinterpreta, las remixea para adaptarlas a su presente. Algunas ya no le representan del todo, pero encuentran una nueva vida en el escenario.

“Las transformo para que conecten con lo nuevo”, explica. Es una forma de mantener su catálogo en movimiento, de evitar que se convierta en una pieza estática.

Porque si algo define a Félix Vestre es justamente eso: el movimiento. No solo en el sentido físico del baile, sino en una búsqueda constante de nuevos sonidos, nuevas emociones y nuevas formas de conectar.

Su próxima parada es la Ciudad de México. El Foro Indie Rocks será el escenario donde esa búsqueda se materialice en vivo, en una noche que promete ser, como su música, un viaje entre la euforia y la introspección.

Un espacio donde bailar también puede ser una forma de entender(se).

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