SEO: Tete Iglesias, bajista de La Renga, habla en exclusiva con Sign FM sobre su regreso a México, el histórico show en el Palacio de los Deportes con El Tri, su concierto en el Lunario y la mística de su gira por Europa.
El rock and roll no es solo una categoría musical ni una industria de consumo; para quienes habitan el ecosistema rioplatense y sus ramificaciones en Latinoamérica, es una forma de resistencia de piel, asado, cerveza y carretera. En ese mapa de lealtades inquebrantables, La Renga no ocupa un lugar secundario: es un auténtico templo ambulante. En vísperas de un doble impacto histórico en la Ciudad de México —su participación estelar en el Palacio de los Deportes como invitados de honor de El Tri y un esperado show íntimo en el Lunario del Auditorio Nacional—, Tete Iglesias, legendario bajista de la banda de Mataderos, conversó en exclusiva para el programa Signario Musical de Sign FM.
Recién desempacado en suelo mexicano, Tete refleja esa calidez del músico que concibe el arte como un punto de encuentro entre viejos compinches. “Cuando salió la idea de la invitación del Tri para venir, lo primero que pensamos fue en ver a unos amigos que hace tanto no vemos”, comparte sonriente. La mística entre La Renga en México y su fanaticada local no se improvisa; se ha forjado a fuego lento durante décadas de giras, abrazos y complicidad transcontinental.
El ritual del banquete y la mística comunitaria de La Renga
Para la agrupación bonaerense, un concierto jamás se limita al tiempo cronológico en que las luces del escenario permanecen encendidas. El concepto del “banquete” representa una experiencia transformadora que inicia desde las primeras horas de la jornada. “El show es una parte de todo lo que viven los chicos. Nosotros también lo vivimos de esa manera, pero cuando se graba un recital en vivo solo queda la parte musical. Queríamos reflejar cuando uno se levanta a la mañana, prepara la heladerita, la conservadora, pone la cerveza y se va al asado”, explica Tete al rememorar la génesis de su película documental, un proyecto cinematográfico que logró capturar el alma colectiva que rodea a la banda antes de cada presentación.
Esa perspectiva horizontal del espectáculo transforma sus presentaciones en un espacio de comunión. “Nosotros disfrutamos mucho de que la gente está muy feliz, muy contenta. Desde que llega al show o en la previa, se crea un clima muy festivo. Hace muchos años que sentimos que la música se vive de esa manera y nos consideramos privilegedos de poder seguir haciéndolo”, enfatiza el bajista. Ante multitudinarios e interminables estadios o recintos emblemáticos, la premisa sigue siendo la misma: celebrar la vida en comunidad.
El rock argentino, la gira por Europa y el contexto social
La vigencia de la banda se alimenta de una constante exploración documental y sonora. Su reciente material grabado en directo durante su itinerario europeo demuestra que la potencia del rock argentino traspasa cualquier barrera cultural. “Siempre la idea es organizar las giras con los recitales en vivo y a partir de eso ver qué nos genera. Por suerte tenemos la oportunidad de grabar todo lo que tocamos en video y audio”, relata Tete. Viajar por ciudades europeas e italianas significó nutrirse del día a día: “Nos gusta mucho compartir y conocer la idiosincrasia del día a día. Eso es lo que te llevas, lo que te nutre y lo que aprendes”.
La realidad política y la fuerza artística del rock nacional
El motor creativo de La Renga también se encuentra profundamente arraigado en la realidad social que atraviesa su país de origen. “Argentina está viviendo un momento muy particular políticamente. Hay mucha diferencia social, mucho más que antes, se nota muchísimo más. Así que bueno, estamos haciendo carne. Uno es parte de eso y de eso es de lo que queremos hablar ahora”, reflexiona Tete con la franqueza que caracteriza al cuarteto de Mataderos, reafirmando que el rock sigue siendo el altavoz de las realidades silenciadas.
Al indagar sobre sus influencias e inspiraciones profundas —donde convergen desde los escritos de Carlos Castañeda hasta el legado de La Revolución de Emiliano Zapata—, Tete reafirma que el arte surge del roce con la vida misma y de ver crecer a las nuevas generaciones. Al hablar sobre la faceta musical de su hija en los escenarios, la ternura toma el control: “Estoy muy orgulloso, se me cae la baba todo el tiempo. Si la puedo ir a ver, la voy a ver. Ella me conoce y sabe cómo soy”.
La histórica hermandad con Alex Lora y El Tri de México
Uno de los pasajes más entrañables de la charla rememora la primera vez que los caminos de La Renga y El Tri se cruzaron en territorio azteca. El escenario no pudo haber sido más místico: una mítica tocada en las pirámides de Teotihuacán durante la primera visita de los argentinos a México.
“Nosotros solamente teníamos los cassés, ya habíamos grabado ‘Triste canción de amor’, pero tocábamos también ‘Oye, cantinero’ y ‘Todo por el rock and roll’. En esa época se usaba pedir permiso para grabar un tema”, recuerda Tete entre risas. El proceso para contactar a Alex Lora requirió de paciencia analógica: “Conseguimos el teléfono de línea de su casa y hablábamos con Chela mucho tiempo. Nunca lo enganchábamos a Alex hasta que un día nos atendió, le pedimos permiso y nos dio su bendición. Ni sabíamos cómo era físicamente porque el cassette que teníamos ni tapita tenía, era solo el cassette solo”.
El recorrido histórico en el Lunario y el futuro de la banda
Respecto a su presentación en el Lunario del Auditorio Nacional, Tete adelanta que será un show de carácter íntimo y memorable: “Vamos a hacer un recorrido histórico y también a tocar canciones nuevas, que en este momento son las que disfrutamos más porque son los hijos más chiquitos que tenemos. Pero todas las canciones nos representan, así que la lista puede ir desde el primero hasta el último disco”.
En cuanto a las estrategias no convencionales de la banda —como haber publicado álbumes en unidades USB o haber trabajado con Ricardo Mollo en la producción—, Tete confiesa que no hay planes fríamente calculados, sino pura intuición: “Cuando tenemos la música en las manos nos ponemos a buscarle la vuelta distinta. Las tapas y nombres los ponemos al final. Llega un momento en que todo entra en su lugar y cuaja de forma mágica”. El encuentro concluyó con la recomendación de su tema reciente, “En la banquina de algún lado”, sellando una visita que promete ser histórica para el rock latinoamericano.


