Malla abraza a su niña interior en “Crecer”: un EP noventero, luminoso y vulnerable

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Hay discos que se escuchan y hay discos que se visitan. “Crecer”, el nuevo EP de Marlla, pertenece a la segunda categoría: es una fotografía emocional de sus treinta y tantos, un viaje hacia la infancia y, al mismo tiempo, una declaración de madurez.

Desde Culiacán, Sinaloa, Marlla ha ido construyendo una identidad sonora donde la naturaleza, los colores tierra y la honestidad lírica son parte del ADN del proyecto. Pero en este nuevo material hay un giro: la nostalgia noventera se convierte en hilo conductor, tanto en el sonido como en el concepto.

“Crecer” es un EP de dos caras. Una primera mitad luminosa, bailable, que evoca el pop de los 90; y una segunda más íntima, con el corazón abierto, donde el desamor y la conversación espiritual toman el protagonismo.

Volver a la infancia para entender el presente

La palabra “crecer” llegó antes que las canciones. Marlla la tenía rondando la cabeza desde hacía tiempo. Después de lanzar su álbum debut Antes que la vida pase, sintió que la conversación interna que había iniciado —hablándole a su niña de siete años— no estaba terminada.

“Quise seguir mirando en retrospectiva, seguir hablándole a mi niña interior”, explica. Y ese ejercicio no fue solo creativo, sino profundamente terapéutico.

El EP nació en un campamento de composición donde, junto a colaboradores cercanos, decidió regresar a lo elemental: los juegos en el patio, la bicicleta, los 10 o 20 pesos que rendían como si fueran una fortuna, las referencias culturales que marcaron a toda una generación.

Musicalmente, las primeras canciones evocan sin pudor la estética pop noventera. Marlla no se limitó en las letras: menciona dulces, frases y símbolos de esa época con la misma libertad con la que lo haría una niña. La consigna era clara: si la emoción es auténtica, se queda.

El resultado es un arranque divertido, vibrante, que conecta con la memoria colectiva de quienes crecieron en esa década.

El desamor a los 30: madurez y pausa

Pero “Crecer” no es solo celebración. En su segunda mitad aparece “Retroceder”, una canción que desmonta la idea de que mirar atrás es fracasar.

Aquí el desamor se aborda desde la adultez: compartir una casa, construir rutinas, enfrentar el silencio cuando la otra persona ya no está. No es el drama adolescente; es el duelo de quien entiende que crecer también implica soltar.

“Retroceder no es volver para quedarse, sino tomar un respiro, mirar el camino recorrido y decidir hacia dónde ir”, reflexiona la cantante.

En esa misma línea íntima aparece “7 días”, una canción dirigida a Dios. Marlla llevaba tiempo queriendo entablar esa conversación y, finalmente, fluyó de manera natural. El cierre del EP baja la intensidad sonora, pero eleva la carga emocional.

De la tristeza a la celebración

Paradójicamente, aunque las canciones iniciales suenan luminosas, muchas nacieron en un momento complicado. b reconoce que el año pasado fue emocionalmente duro y que escribir fue una forma de procesar lo que sentía.

“Me giraron 180 grados”, dice hoy. La terapia y el trabajo personal la llevaron a otro punto. Lo que antes era tristeza, ahora puede compartirse desde la serenidad.

Esa transformación es central en “Crecer”: no se trata de esconder lo doloroso debajo de la alfombra, sino de nombrarlo, atravesarlo y, finalmente, celebrarlo como parte del proceso.

La portada del EP refuerza esa idea. Será una fotografía estilo “maquinita”, como las de cabina instantánea. Una imagen que congela el inicio de esta década de vida. “La Marla de los 40 va a poder voltear y decir: esto era una fotografía cuando iniciaba esta etapa”, comenta.

Un sonido producido en complicidad

El EP fue producido por Mateo Luis, cuya firma sonora aporta frescura y dinamismo. Las cinco canciones fueron escritas por Marlla en colaboración con compositores cercanos como Ana Sofía Castañeda, Carlos Julián y Paola Zulcer, con quienes ya había trabajado anteriormente.

La confianza fue clave. Compartir procesos tan íntimos en sesiones de coescritura exige vulnerabilidad absoluta. Pero la afinidad generacional ayudó: todos entendían las referencias, las memorias, los códigos de los 90.

Colores vibrantes y naturaleza en el escenario

En vivo, Marlla imagina un universo cromático distinto al cliché noventero. Nada de neones fluorescentes evidentes. Prefiere azul índigo, rojo quemado, amarillo mostaza, verde olivo. Colores vibrantes, pero con profundidad.

También habrá madera, tonos neutros y presencia de la naturaleza, elementos que siempre han caracterizado su proyecto. Es una forma de mantener el vínculo con su tierra.

Hablar de Culiacán es inevitable. En medio de contextos complejos y noticias marcadas por la violencia, Marlla reivindica la belleza cotidiana de su ciudad: el cielo, la vegetación, el talento local. “Hay mucho más que lo que vemos en las noticias”, afirma. Y “Crecer” es, también, representación de ese origen.

El plan y el viaje

El EP se estrena el 5 de marzo. A partir de ahí, la meta es tocar puertas y llevar las canciones al escenario. Marya quiere unir en un mismo set el repertorio de su primer álbum con esta nueva etapa conceptual.

¿Con qué escuchar “Crecer”? Ella lo tiene claro: un roadtrip. Idealmente en un convertible noventero, con el volumen alto, carretera abierta y algo dulce para acompañar.

Porque “Crecer” no es solo un ejercicio de memoria; es una invitación a traer los recuerdos felices al presente. A reconciliarse con lo que fuimos para entender mejor lo que somos.

Y, sobre todo, a aceptar que crecer no significa dejar atrás a la niña interior, sino darle un lugar en el asiento delantero.

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