Cuando suena “El sueño dura una semana”, la sensación no es nostalgia sino claridad. Las hermanas Marina y Teresa Iñesta, núcleo creativo de Repion, están en un punto de madurez donde el pasado no pesa: ordena. Su nuevo disco, “201”, no es un ejercicio retrospectivo sino un mapa emocional que conecta Madrid con el norte de España, el estudio con la playa, el ruido del mundo con el silencio de casa.
“Han pasado un montón de cosas desde nuestro anterior disco hasta este”, dicen sobre el álbum homónimo que las consolidó a nivel nacional en España. Si aquel trabajo fue carta de presentación, “201” funciona como confirmación: la banda está en forma, con un discurso más nítido y una identidad sonora que equilibra contundencia y vulnerabilidad.
Un presente sin agobios
Durante años, ambas compaginaron múltiples proyectos. Hoy, Repion ocupa el centro. “Es la primera vez que siento que podemos disfrutar el momento presente”, confiesa una de ellas. No se trata de abandonar otras aventuras musicales —al contrario, se retroalimentan— sino de asumir que cada proyecto respira distinto. “Descanso del tono de uno en el otro”, explican. La clave es el foco: cuando están en Repion, están completamente en Repion.
Esa concentración también se refleja en las letras. Si algo define este álbum es su cualidad de fotografía emocional. “Es muy presente actual de cómo estamos ahora”, dicen. No hay personajes inventados ni manifiestos forzados. Se trata de pop rock costumbrista —etiqueta que adoptan con gusto—: escenas cotidianas, conversaciones, fragilidades.
Sin embargo, el contexto global se filtra inevitablemente. Canciones como “Cerrar los ojos” nacen de la saturación informativa, de la sobreexposición a imágenes de guerra y crisis. “Es inevitable que eso no te afecte”, reconocen. La vulnerabilidad se convierte en materia prima.
Santi García y la búsqueda del equilibrio
Para capturar esa dualidad entre potencia y pureza, volvieron a trabajar con Santi García, productor con quien ya habían grabado un EP previo. La experiencia fue decisiva: “Queríamos que se notara el power de la batería y la guitarra, pero que las voces estuvieran bien enfrente, que nada se clipsara”.
El disco se gestó casi como una obra a tres manos. Marina y Teresa llegaban con las canciones muy avanzadas; García aportó criterio, oído externo y una empatía que ellas destacan constantemente. “Se adapta a la energía de las personas con las que está trabajando”, subrayan.
Uno de los momentos más significativos ocurrió con “Atocha”, la canción que cierra el álbum. La grabaron en una sola toma, fuera del estudio principal: guitarra española, un arreglo mínimo de eléctrica y un bombo de juguete. Sin apenas tratamiento posterior, quedó tal cual. “Está bastante pura”, dicen. Y esa pureza resume el espíritu del disco.
El misterio de “201”
El título no nació de una estrategia conceptual ni de una referencia temporal directa. “201” es el número de una salida de autovía que conduce a Camargo, el pueblo de sus padres, en el norte de España. Ese punto geográfico —atravesado cada vez que iban a la playa o regresaban a casa— se convirtió en símbolo.
“Allí nuestro cerebro se calma”, explican. En esa casa, con un pequeño cuarto insonorizado, comenzaron y terminaron canciones. Frente al vértigo de Madrid, el norte ofrece perspectiva. Cuando finalmente pronunciaron “201” en voz alta, supieron que era el nombre. Después vino la curiosidad numerológica; primero fue la intuición.
Del vinilo al directo
El álbum se agotó en vinilo, formato que las obligó a pensar en términos de cara A y cara B. “Queríamos que cada cara empezara fuerte y que el final fuera como una despedida”, cuentan. Sin embargo, no se obsesionaron con el orden. Curiosamente, fue en las entrevistas posteriores cuando empezaron a descubrir coherencias narrativas que habían surgido casi sin planearlo.
En directo, el trío —con bajista incluida— apuesta por la crudeza. Pocas secuencias, arreglos mínimos. “Es todo muy fresco”, dicen. Las canciones son tan recientes que aún conservan la energía del primer día. El lapso entre composición y escenario fue corto, algo poco habitual en la industria. “Lo hemos vivido todo a la vez”.
Temas como “Columnas” nacieron casi al límite, una semana antes de entrar al estudio. La frase “tú te ibas como una bala y yo caí como una flecha” surgió de una conversación casual en su local de ensayo, en el espacio cultural El Observatorio, en Carabanchel. Allí, entre cafés y encuentros con otros músicos, terminaron de ensamblar el rompecabezas.
Descomprimir para crear
Durante la grabación, la desconexión fue clave. Entre sesiones veían Love Is Blind: Argentina y la serie Severance. Dos extremos: reality y distopía corporativa. También hubo lecturas densas, guitarras acústicas sonando al atardecer y paseos por la playa cercana al estudio.
Esa mezcla de estímulos permitió que el disco respirara. “A veces las cosas cobran sentido con el tiempo”, admiten. Repion no fuerza los conceptos; deja que las canciones encuentren su lugar.
México como territorio emocional
La presentación en Bajo Circuito del 28 de febrero marca un momento especial: tocar en México un repertorio recién nacido. Canciones que apenas han tenido tiempo de asentarse ya son coreadas por el público. “Te la sabes mejor que yo”, bromean.
“201” no es un año: es un kilómetro emocional. Un punto de retorno, una salida hacia el origen. En ese trayecto, Marina y Teresa Iñesta han encontrado algo más que estabilidad: han encontrado calma. Y desde esa calma, Repion suena más fuerte que nunca.

