En un momento en que lanzar un álbum puede convertirse en un ejercicio de logística, egos y algoritmos, No Te Va Gustar vuelve a demostrar que su mayor activo es la cohesión. Emiliano Brancciari y Denis Ramos hablan con naturalidad de un proceso que, lejos de tensiones, estuvo marcado por la alineación artística, la claridad de rumbo y una convicción compartida: cada decisión debía estar al servicio de la canción.
“Para nosotros no fue muy complejo”, afirma Brancciari. La frase, lejos de minimizar el reto, expone una dinámica interna que la banda ha consolidado durante años. “Estamos muy de acuerdo en el rumbo que queremos tomar. Artísticamente estamos muy alineados, no tenemos problemas de ego. Sabemos que la idea del compañero es por el bien general”.
Ese espíritu colectivo es, quizá, la piedra angular de un grupo que ha sabido evolucionar sin perder identidad. En un entorno donde las trayectorias personales suelen fragmentar proyectos longevos, No Te Va Gustar ha construido un sistema de trabajo basado en la confianza. No significa que sus integrantes vivan lo mismo fuera del escenario. Son padres, atraviesan distintas etapas sentimentales y enfrentan realidades personales diversas. Sin embargo, esa pluralidad no fractura el discurso; lo enriquece.
“Muchas letras cada uno las interpreta o las siente a su manera”, explican. La unidad, entonces, no parte de la homogeneidad vital, sino de la libertad interpretativa. Lo que ocurre puertas adentro del estudio es un reflejo de lo que sucede con el público: cada quien hace suya la canción desde su propio contexto.
La mudanza forzada que terminó siendo oportunidad
Uno de los puntos más sensibles del proceso fue la mudanza del estudio. El espacio anterior, cargado de historia y alma, no les pertenecía. La venta del inmueble obligó a la banda a replantear su base operativa. El cambio no fue romántico, fue práctico. El precio no justificaba las prestaciones del lugar.
Lo que pudo ser un golpe anímico se transformó en reinvención. El nuevo estudio implicó empezar de cero, pero también diseñar un espacio a la medida: mayor amplitud, dos control rooms, mejor acústica y condiciones técnicas superiores. Si el antiguo estudio tenía “alma”, el nuevo tenía proyección.
Paradójicamente, la grabación convivió con el ruido de la construcción. “El martillazo era el click”, bromean. Mientras registraban canciones, aún se escuchaban máquinas terminando detalles. Ese caos controlado terminó impregnando el disco de una energía particular: la sensación de estar construyendo algo literal y simbólicamente al mismo tiempo.
Track por track: inmediatez y frescura
Otro de los movimientos estratégicos fue la decisión de trabajar canción por canción. Las diez piezas ya estaban seleccionadas, pero el método cambió radicalmente la dinámica interna. La idea vino del productor Nico Cotton, quien propuso que todos permanecieran en el estudio hasta cerrar completamente cada tema antes de pasar al siguiente.
El resultado fue un proceso ágil: un día y medio por canción. En 36 horas, cada track quedaba prácticamente terminado. Esa inmediatez generó motivación y una sensación de logro constante. No había acumulación de partes aisladas ni músicos grabando por separado para luego ensamblar. Todos participaban en tiempo real, opinando y ajustando.
La diferencia es sustancial. No es el baterista grabando todas sus pistas para irse a casa; es la banda como organismo activo, escuchando cómo la canción toma forma completa frente a ellos. La metodología reforzó la frescura y evitó la fragmentación emocional que a veces acompaña las producciones prolongadas.
El rol del productor: ordenar y potenciar
Con una trayectoria extensa, No Te Va Gustar no necesita que un productor les diga quiénes son. Lo que buscan es alguien que ordene y potencie. Denis lo resume con precisión: el productor debe tener psicología, tacto y capacidad para activar “gatillos” creativos.
Cotton ya conocía la dinámica del grupo. Esa familiaridad permitió un diálogo fluido desde el inicio. El objetivo estaba claro: extraer el mayor potencial individual sin alterar la esencia colectiva. En bandas con décadas de experiencia, el desafío no es encontrar identidad, sino expandirla sin diluirla.
Pasión y razón: el equilibrio invisible
Aunque el discurso creativo suele asociarse con impulso y emoción, Brancciari reconoce que la razón ocupa un lugar específico en el proceso. Aparece en decisiones técnicas —qué guitarra usar, cuándo entra un instrumento, cuándo callar— y también en la estrategia de lanzamiento.
Elegir el sencillo no es un acto impulsivo. No existe una fórmula infalible, pero la experiencia ofrece patrones. Ahí interviene la cabeza. En lo demás, dicen, predomina la pasión.
Esa dualidad también se refleja en las colaboraciones. En este álbum, el único invitado fue Andrés Martínez. La premisa fue clara: la canción debía pedirlo. No se trata de sumar nombres por estrategia, sino de responder a lo que la música exige. La colaboración se concretó en el estudio, compartiendo espacio físico, no archivos digitales. Para la banda, la interacción humana sigue siendo insustituible.
La primera vez, después de tantos años
Uno de los momentos más significativos fue la presentación del disco en un concierto transmitido en vivo. Después de tantos años de carrera, aún pueden experimentar “primeras veces”. Enfrentarse a una obra recién nacida, tocarla por primera vez ante el público y saber que esas canciones formarán parte de su historia genera una emoción particular.
“Pensaba: esto es la primera vez que está ocurriendo”, confiesa Emiliano. La capacidad de asombro, incluso tras décadas de trayectoria, es un indicador de vitalidad artística. No es rutina; es renovación constante.
El nuevo disco de No Te Va Gustar no es solo una colección de canciones. Es el resultado de una estructura interna saludable, una mudanza que redefinió su entorno creativo, una metodología que privilegia la presencia colectiva y un productor que supo ordenar sin invadir.
En tiempos donde la industria musical privilegia la velocidad y la fragmentación, la banda uruguaya reafirma que la coherencia, la escucha mutua y la pasión siguen siendo herramientas vigentes. Y que, incluso después de muchos años, todavía existen primeras veces capaces de estremecer.


