El regreso de Nacho Vegas a México siempre viene acompañado de conversación, reflexión y canciones que funcionan como pequeñas crónicas emocionales del presente. En esta ocasión, el músico asturiano llega con un nuevo disco bajo el brazo, Vidas semipreciosas, un álbum que condensa experiencias personales, preocupaciones sociales y una búsqueda estética que conecta con distintas disciplinas artísticas.
Durante una charla previa a su presentación en el Vive Latino, el cantautor habló sobre el proceso creativo detrás del disco, el papel de la música como espejo de la realidad y su decisión de incorporar el asturiano como parte del universo narrativo del álbum.
“Siempre es un gusto venir a México”, comenta Vegas. “Acabamos la gira del disco anterior aquí, en el Pepsi Center, en enero de 2023, y a partir de ahí empezó el proceso de composición de este nuevo trabajo”.
Un disco que nació entre pueblos de Asturias
El proceso creativo de Vidas semipreciosas comenzó con el cierre de su gira anterior. Tras meses de carretera, Vegas regresó a su tierra, Asturias, donde encontró el espacio necesario para escribir.
“El proceso suele empezar cuando termina la gira anterior. Empiezas a rescatar ideas, a trabajar repertorio, a escribir canciones nuevas”, explica. “He tomado la costumbre de recorrer mi tierra, Asturias, y refugiarme en algunos pueblos pequeños donde la vida se ve de otra forma que en los núcleos urbanos”.
Ese retiro creativo, lejos del ruido cotidiano, fue esencial para que el repertorio comenzara a tomar forma. Solo después compartió esas primeras maquetas con su banda, un grupo que el músico describe como una familia.
“Las canciones nacen desde la intimidad, pero enseguida las comparto con la banda. Tengo la suerte de trabajar con gente con una enorme sensibilidad musical. Ellos aportan ideas y así se va tejiendo el sonido del disco”.
Cantar en asturiano para hablarle al mundo
Uno de los elementos que distingue este nuevo álbum es la presencia del asturiano, una lengua históricamente marginada dentro del panorama lingüístico español.
Para Vegas, incluirla en el disco era una deuda pendiente.
“El asturiano forma parte de mí y de mi tierra. Llevamos décadas luchando por su oficialidad”, explica. “Yo no tuve la oportunidad de estudiarlo en la escuela, lo aprendí con familiares y más tarde en la universidad”.
Sin embargo, el reto no era solo utilizar la lengua, sino hacerlo desde una perspectiva universal.
“Quería escribir en asturiano, pero para hablarle al mundo. Muchas veces se percibe como una lengua para hacer chistes o hablar solo de cosas locales. Yo quería demostrar que puede expresar cualquier emoción o pensamiento”.
La diversidad lingüística también forma parte de la dinámica de su banda. Según cuenta el músico, en el grupo conviven hablantes de distintas lenguas: catalán, euskera y asturiano.
“En la furgoneta ya hay una diversidad lingüística muy interesante”, comenta entre risas.
Canciones como actos emocionales
Aunque la música de Nacho Vegas siempre ha tenido una fuerte dimensión política, él insiste en que sus canciones nacen principalmente de emociones.
“Las canciones para mí son actos emocionales”, afirma. “Muchas nacen de cosas íntimas, pero también tienes que abrir las ventanas y ser consciente del mundo en el que vives”.
En ese sentido, el disco también refleja tensiones sociales y políticas que marcaron los últimos años en su ciudad, Xixón. Uno de los episodios que influyó en el álbum fue el caso de “Las seis de La Suiza”, un conflicto judicial que afectó a sindicalistas que denunciaron acoso laboral.
“Fue algo muy presente en mi ciudad. Hubo movilizaciones y conciertos solidarios. Sentí que tenía que estar presente en el disco porque formaba parte del momento que estábamos viviendo”.
Más que ofrecer respuestas, Vegas cree que el papel del artista es acompañar las luchas colectivas.
“No aporto soluciones. Lo que creo es que la música popular debe ser permeable a lo que ocurre en tu mundo. A veces las canciones funcionan como gritos o como una forma de alzar la voz”.
Un disco que dialoga con otras artes
Otro aspecto clave del álbum es su dimensión visual y conceptual. Para Vegas, hacer un disco implica mucho más que grabar canciones: también es un espacio de encuentro entre distintas sensibilidades artísticas.
En este proyecto participaron varios creadores, entre ellos la ilustradora Moderna de Pueblo, además de la artista Candela Sierra, quien desarrolló el arte visual del disco.
“Una de las cosas más bonitas de este oficio es que confluyen diferentes artistas. Candela hizo un trabajo increíble, con un estilo lleno de simbolismo y poesía”, explica.
El concepto visual del álbum se inspiró en la idea de un “jardín de las delicias”, un universo figurativo donde cada elemento funciona como metáfora del viaje emocional del disco.
Colaboraciones que nacen de la chispa creativa
El álbum también incluye colaboraciones con otros músicos, entre ellos Albert Pla, a quien Vegas admira desde hace años.
“La escribí pensando en él. Incluso le preparé una estrofa”, cuenta. “Le dije que podía cantar lo que quisiera, porque sé que es bastante anárquico, pero fue muy fiel al texto y lo elevó con su interpretación”.
Para el músico asturiano, las mejores colaboraciones no son las estratégicas ni las dictadas por la industria.
“Vivimos una época en la que muchas colaboraciones son casi movimientos de marketing entre discográficas. Yo prefiero las que surgen porque de repente salta una chispa”.
El arte de secuenciar un disco
Uno de los detalles que más cuida Vegas es la secuencia del álbum. Para él, escuchar un disco completo debe sentirse como un viaje.
“Es muy importante pensar el orden de las canciones. Quien lo escuche de principio a fin debería sentir que hay un origen, un destino y muchos recovecos en el camino”.
Por eso el disco también incluye interludios, pequeñas piezas que amplían el contexto narrativo del álbum y conectan con historias reales de represión política o activismo social.
“Son como pequeñas piedras que te van guiando en el camino del disco”, explica.
Un diálogo entre pasado y presente
En vivo, las nuevas canciones conviven con temas de distintas etapas de su carrera.
“Me gusta poner a dialogar las canciones recientes con otras que tienen 5, 10 o 20 años”, dice. “Las canciones son como animales salvajes que tienen vida propia. Cambian según el momento en que las toques”.
Con más de tres décadas de trayectoria, Vegas reconoce que su relación con su propio repertorio también ha cambiado con el tiempo.
“No es lo mismo cantar una canción a los 30 años que a los 51”.
Un encuentro con el público mexicano
Su regreso a México coincidirá con su participación en el Vive Latino, uno de los festivales más importantes del continente.
“Estar delante de tanta gente en un espacio como el Vive Latino pone la piel de gallina”, reconoce.
Aunque aún afinan los detalles del setlist, el músico adelanta que el nuevo disco tendrá un peso importante en el concierto.
“Pero siempre intento que las canciones dialoguen entre sí. Cada concierto es imprevisible, y eso es lo que hace que las giras tengan sentido”.


