A los 15 años se suele bailar un vals. Los Viejos decidieron hacerlo a su manera: con chambelanes punk, invitados improbables y una comunidad que convirtió el aniversario en una fiesta donde el disfraz fue uniforme y la nostalgia, combustible. Pero la celebración no se quedó en la postal festiva. La banda aprovechó el impulso para reconfigurarse creativamente, sumar nueva sangre y lanzar un EP conceptual que dialoga con el fin del mundo… y con los tiempos de consumo digital.
El festejo fue, según cuentan, “bien chido”: hubo padrino de ceremonia, chambelanes, abridores y hasta una especie de reunión generacional donde músicos cercanos comulgaron con el ritual. La anécdota sintetiza algo que ha definido al proyecto desde su origen: cada etapa está pensada como experiencia total, con concepto, narrativa y ejecución.
Nueva formación, nueva presión
El punto de inflexión llegó con la salida de Leo Padua para enfocarse en otros proyectos y la entrada de Jordi “Mclovio”, baterista tapatío que ya orbitaba el universo de la banda. La decisión no fue azarosa: primero hubo suplencias, shows de prueba y un año de acople. La química funcionó. Cuando apareció la invitación para tocar en Vive Latino, la presión hizo lo suyo: había que llegar con música nueva.
La banda optó por un EP de cinco canciones. Dos meses para componer, maquetear, producir, grabar y dejar lista la mezcla. “Me gusta trabajar con presión”, confiesan. Noviembre fue un sprint de composición; diciembre, de ajustes finos y estudio. La producción recayó en Manuel, músico cercano y aliado creativo con quien comparten lenguaje y confianza. En términos prácticos, el flujo fue remoto: maquetas enviadas desde Guadalajara, sesiones en Logic compartidas, reuniones nocturnas por Zoom para revisar acentos, fills y estructuras.
El proceso no estuvo exento de fricción creativa —la saludable—. Manuel “metió mano” a las estructuras: recortó, añadió coros, reordenó secciones. Donde podría haber habido choque de egos, hubo confianza. El resultado, coinciden, superó la versión inicial. Para una banda con 15 años de trayectoria, aceptar que la canción mejora al soltarla es también un gesto de madurez.
El concepto: diarios en la era de los reels
Si el aniversario fue un vals punk, el EP es un diario apocalíptico. El arte —a cargo del ilustrador Trazos de Cráneo— presenta cuatro ilustraciones que dialogan con la idea de “reels” (carretes, pero también el gesto contemporáneo de scrollear). En la narrativa, el personaje no desliza el dedo en la pantalla: escribe su última página mientras observa, en tiempo real, la inminente caída de un meteorito. Cada canción es una entrada de ese diario.
La inspiración no es gratuita. En los últimos años han circulado noticias sobre objetos cercanos a la Tierra como el 2024 YR4 y el conocido 99942 Apophis, que han alimentado la imaginación pública sobre escenarios de impacto. Más allá del dato científico —que evoluciona conforme mejoran las observaciones—, la banda usa el recurso como metáfora del colapso íntimo y colectivo. El fin del mundo no es sólo astronómico; también es emocional.
La decisión lírica marca un quiebre. Si en etapas previas las letras podían ser más abstractas, ahora la consigna fue claridad y conexión. “Que cualquiera se identifique”, dicen. Menos ornamento, más mensaje. En vez de buscar palabras que “embonen” en el fraseo, priorizaron la intención. El crecimiento no es sólo técnico; es biográfico.
EP vs. álbum: la obra en tiempos de algoritmo
La conversación inevitable es la del formato. En la era del streaming, los discos completos compiten con la atención fragmentada. La banda lo asume sin romanticismo ingenuo: un EP permite concentrar impacto, evitar rellenos y dar tiempo de vida a cada canción. “Duro y a la cabeza”, resumen. No se trata de renunciar a la idea de obra, sino de dialogar con la escucha contemporánea: cuatro o cinco temas que el público repita, en lugar de diez donde tres pasen inadvertidos.
El plan es claro: estreno digital el 16 de marzo (lunes posterior al festival) y, si los tiempos de manufactura lo permiten, edición física en CD para vender en el Vive. Nissan Records se sumó al esfuerzo para hacer posible la pieza tangible. La materialidad importa: el objeto concentra el concepto, el arte y el gesto de aniversario.
Invitadas de megalujo y planes internacionales
El EP incluye dos colaboraciones: Ángela de Bala y Melisa de Flores y Fuego. Con Bala, además, hay intención de cruzar el Atlántico: gira compartida en España y México, pendiente desde hace tiempo. La expansión no es nueva —la banda ha tocado en Sudamérica y Asia—, pero el intercambio ibérico sería un paso estratégico para consolidar audiencia en Europa.
En vivo, el set del Vive privilegiará repertorio probado por razones logísticas: el nuevo baterista vive en Guadalajara y el ensayo presencial será breve antes del festival. Aun así, habrá guiños especiales, incluido un cover de “A Forest” de The Cure con invitados, pieza que exige bajo protagonista y que han decidido abordar con respeto estructural.
Vive Latino como ritual de paso
Para la banda, el Vive es reunión de escuela, caos controlado y plataforma. Han vivido ediciones memorables —incluida la etapa de “impostores”— y conexiones que derivaron en invitaciones internacionales. El festival no es sólo vitrina; es nodo de redes. En ese ecosistema, llegar con material nuevo y formación renovada es una declaración de vigencia.
A 15 años de su fundación, Los Viejos no celebran mirando el retrovisor. Hacen lo que mejor saben: convertir cada hito en relato, cada presión en gasolina y cada canción en página de un diario que se escribe —literalmente— mientras el mundo arde. Si el meteorito no cae, quedará el registro. Y si cae, al menos habrá un EP para poner en repeat.


