Kevin Drew recuerda el origen de Broken Social Scene: “Todo empezó con amigos tratando de conectar”

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Kevin Drew, líder de Broken Social Scene, habla sobre el nuevo documental de la banda, los inicios de la escena indie en Toronto y cómo la amistad fue el motor creativo del colectivo musical.

Para Kevin Drew, la historia de Broken Social Scene nunca ha sido únicamente la de una banda. Más bien se trata de una comunidad. Un grupo de amigos que, a finales de los años noventa en Toronto, encontró en la música una forma de conectarse en un momento de incertidumbre dentro de la industria musical.

Ese espíritu colectivo es precisamente el eje del nuevo documental sobre la agrupación, una película que recoge imágenes filmadas durante años por el director Steven Chung y que ahora llega a festivales y proyecciones especiales alrededor del mundo.

“Es una historia sobre una comunidad”, explica Drew al recordar el enfoque de la película. “Un grupo de amigos que construyeron algo juntos en un momento en el que todo estaba cambiando”.

El músico canadiense visitó México para presentar la proyección del documental y ofrecer un set acústico especial, acompañado por sus compañeros de banda Evan Cranley y Andrew Whiteman.

Una cámara que capturó el inicio de todo

La idea del documental comenzó hace mucho tiempo, incluso antes de que Broken Social Scene alcanzara notoriedad internacional.

Según Drew, Steven Chung comenzó a filmarlos casi por casualidad mientras la banda apenas estaba encontrando su identidad.

“Steven empezó a aparecer con una cámara cuando estábamos reuniendo canciones y construyendo la banda”, recuerda. “Él quería ser parte de algo y simplemente cayó dentro de nuestra comunidad”.

Durante años, Chung registró ensayos, sesiones de grabación y momentos cotidianos del colectivo musical. Sin embargo, el primer corte del documental no convenció a la banda.

“Pasó seis o siete años trabajando en ello”, explica Drew. “Pero cuando vimos la primera versión, no sentimos que fuera el momento adecuado para contar esa historia”.

La película quedó guardada durante años.

Fue hasta 2020 cuando el director retomó el proyecto y acon la intención de terminarlo.

Drew aceptó apoyar a su amigo.

“Quieres apoyar a las personas que intentan cumplir un sueño”, comenta. “Él es un gran cinematógrafo y solo quería terminar lo que había empezado”.

Una historia contada desde otra perspectiva

El resultado final del documental tiene un enfoque poco convencional: en lugar de narrar la historia desde la perspectiva de la banda, la película sigue el punto de vista del propio director.

Chung, hijo de inmigrantes jamaiquinos y chinos, documenta su propia relación con la escena musical de Toronto mientras observa el crecimiento del colectivo.

“Al final decidimos contar la historia a través de Steven”, explica Drew. “No es solo un documental donde nos entrevista; es su mirada sobre lo que estaba pasando”.

La película se centra principalmente en los primeros años de la banda y en el proceso que llevó a la creación de uno de sus discos más influyentes: You Forgot It in People.

“Captura el inicio de todo”, dice el músico. “Y no hay nada como un comienzo”.

Toronto antes de las redes sociales

El documental también funciona como una cápsula del tiempo. Las imágenes muestran una escena musical que existía antes de la era de los smartphones, las redes sociales y la hiperconectividad digital.

“En ese momento no había celulares”, recuerda Drew. “Había una ciudad que realmente apoyaba el arte”.

Según el músico, la escena independiente de Toronto prosperaba gracias a pequeños venues, sellos alternativos y tiendas de discos que funcionaban como puntos de encuentro para músicos y fans.

“Las tiendas de discos estaban llenas porque la gente no encontraba esa música en la radio”, explica. “Era la forma de descubrir sonidos que realmente representaban cómo te sentías”.

Ese ecosistema permitió que diferentes proyectos musicales comenzaran a cruzarse y colaborar.

Una banda formada por muchas bandas

Broken Social Scene nunca fue una banda tradicional. Desde el principio funcionó como un colectivo integrado por músicos que ya tenían otros proyectos.

Entre ellos surgieron artistas que luego alcanzarían fama internacional, como Feist o la banda Metric.

“Muchos de nosotros ya teníamos nuestras propias bandas o carreras solistas”, explica Drew. “Pero decidimos construir nuestro propio sistema en lugar de depender de la industria”.

El objetivo era simple: crear música juntos y ver hasta dónde podían llegar.

“Nos retábamos entre nosotros de una manera muy sana”, recuerda. “Queríamos ver si podíamos salir de Canadá, tocar en Estados Unidos, en Europa, en México… si era posible”.

Con el tiempo, lo lograron.

El primer disco grabado en un sótano

El origen discográfico de Broken Social Scene fue mucho más modesto.

El primer álbum del proyecto se grabó en el sótano de Kevin Drew junto a Brendan Canning.

“Era un disco muy ambiental”, recuerda. “Solo Brendan y yo trabajando en el sótano”.

Pero poco a poco comenzaron a invitar a amigos y colaboradores que formaban parte de sus círculos sociales.

Así nació el espíritu colectivo que terminaría definiendo al grupo.

“Fue alegría, frustración, necesidad…”, dice Drew. “Muchos de nosotros ya habíamos intentado hacer música durante años y no había pasado nada”.

Para entonces, muchos integrantes de la banda ya tenían más de 25 años y comenzaban a preguntarse si realmente podrían vivir de la música.

Pero algo ocurrió cuando todos comenzaron a trabajar juntos.

“Había química”, afirma.

La química que lo cambió todo

Para Kevin Drew, esa conexión creativa es uno de los elementos más difíciles de explicar.

“Es algo que la gente busca toda la vida”, reflexiona. “En terapia, en la religión, en relaciones… todos buscan esa química”.

Con Broken Social Scene, esa conexión apareció de forma natural.

Y esa misma energía es la que el documental intenta capturar.

“Es el poder de la amistad”, dice Drew. “El poder de la conexión entre personas”.

En una era dominada por pantallas y redes sociales, el músico cree que esa historia resulta especialmente relevante.

“Hoy estamos más conectados digitalmente que nunca, pero al mismo tiempo estamos más desconectados entre nosotros”, reflexiona.

Por eso, volver a ese origen —un grupo de amigos haciendo música juntos— sigue siendo una historia que vale la pena contar.

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