Entre la sangre y la cruz, entre la fe y el deseo, entre la ciudad y el delirio creativo, Fransia construyó el que hoy considera su disco más especial: Fuentes Secretas. Si con Mundo Virtual se instaló como una propuesta synth-pop de imaginario metafísico —“salto cuántico, llama violeta, 5D”— y con Vida Real aterrizó en lo humano, ahora el trayecto es más crudo, más vulnerable y, en sus propias palabras, “exorcizado”.
La artista argentina regresa a México con un álbum que nació sin la presión de “hacer un disco”. No hubo calendario ni estrategia previa. Hubo, más bien, una etapa personal intensa, caminatas obsesivas por la 9 de Julio hasta el Obelisco en Buenos Aires, noches sin dormir y una sensación constante de estar “recibiendo información”.
“Fue el primer disco que me pasó al occidente”, explica. A diferencia de trabajos anteriores —concebidos con la conciencia clara de estar produciendo un álbum—, aquí el proceso fue orgánico, casi involuntario. “No estaba pensando en un disco. Estaba concentrada en responder a ese llamado”.
De San Agustín al pop eléctrico
El detonante conceptual apareció después de la música. Mucho después. Fuentes Secretas encuentra una de sus raíces en Las confesiones de San Agustín de Hipona, texto filosófico en el que el santo relata su vida de excesos antes de su conversión.
“Es un libro que me abrió el portal de este disco”, dice. Sin embargo, primero vinieron las canciones; el marco conceptual descendió casi dos años después. Esa distancia explica por qué el lanzamiento tardó: necesitaba comprender qué había escrito.
Las letras hablan de luchas internas, de tensiones entre lo luminoso y lo oscuro. En “A veces”, una línea sintetiza la esencia del álbum: “Mis aflicciones malignas luchan contra mis goces buenos”. Esa pelea atraviesa también el show en vivo, donde Fransia encarna un personaje “medio maligno”, eléctrico, por momentos punk, por momentos profundamente pop.
Volver a la guitarra
Si en etapas anteriores trabajó junto a su exdupla creativa desde la programación y la computadora, Fuentes Secretas fue un regreso radical a la raíz: guitarra, loops de batería tomados de YouTube, bajos tocados en la misma guitarra y su voz.
“Es el primer disco que escribí sola”, afirma. El impulso definitivo llegó cuando Guido —guitarrista de su banda y colaborador cercano— la animó a confiar en su capacidad de continuar sin depender de nadie más. Él terminó produciendo las canciones y llevándolas “a un lugar más bello”.
Ese gesto, asegura, es el rol verdadero de un productor: dar confianza cuando el artista no la tiene.
Buenos Aires como vórtice
Hay una geografía emocional clara en el álbum: Buenos Aires. Las luces de la avenida Corrientes, los colores eléctricos, el Obelisco como vórtice. Durante meses caminó a diario el mismo trayecto, absorbió estímulos y luego volvió a casa a componer sin descanso.
También el amor y la fe operaron como fuentes —secretas y evidentes a la vez— de inspiración. “Sentía como que Dios me hablaba a través de las letras”, confiesa. Algunas frases, asegura, no sabe cómo llegaron a escribirse.
Ese estado alterado, sin consumo de sustancias, fue un trance creativo sostenido por cinco meses. De ahí la sensación de disco “exorcizado”: urgente, visceral, sin cálculo de recepción.
El vivo: más crudo, más vulnerable
En escena, el álbum se transforma. A diferencia de otros shows donde utilizaba autotune en ciertas canciones, aquí la interpretación es más desnuda. “Es más crudo, más vulnerable”, describe. Hay más carrera sobre el escenario, más electricidad física.
La perfección, admite, es su talón de Aquiles. La primera vez que interpreta una canción en vivo suele estar dividida entre el plano mental —“acá desafiné, acá podría haber hecho otra cosa”— y el cardíaco. La meta es unificarlos. Cuando lo logra, aparece la transmisión real.
La portada: sangre y coherencia
Visualmente, el rojo domina. Remite a la sangre, pero también a una cruz que dialoga con la “T” del título. La dirección creativa —a cargo de su hermano junto a Inti Patrón— buscó coherencia con el giro musical. Nada en común con Mundo Virtual: el contraste debía ser evidente.
México como espejo
Fransia nunca ha presentado un show formal en México; antes solo realizó un DJ set. Ahora el país marca un punto de inflexión. Las fechas incluyen Ciudad de México, Tijuana (Black Box) y Guadalajara, donde abrirá para Clubz.
Después vendrá Nueva York, con tres presentaciones en el marco del New Colossus Festival.
“Recibo mensajes todos los días de México”, comenta. Percibe una resonancia particular con su música, quizá porque Fuentes Secretas habla desde un lugar honesto, sin cálculo de mercado.
En una industria donde la estrategia suele anteceder al impulso, Fransia decidió hacer lo contrario: crear primero, entender después. Y en ese gesto, el pop se convierte en confesión.


