Florián lleva “Actos de Gentileza” a México: tango, comunidad y un show que rompe las reglas

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Florián convirtió el tango en algo inesperado: una fiesta colectiva, cercana y sin reglas.

En una industria musical obsesionada con métricas, algoritmos y estrategias de lanzamiento, Florián decidió hacer exactamente lo contrario: volver al origen. Cantar canciones. Sin presión. Sin fórmula. Sin expectativas. Así nacieron los “Actos de Gentileza”, un proyecto que hoy no solo redefine su carrera, sino también la forma en que el tango puede dialogar con nuevas generaciones.

De paso por la Ciudad de México, el músico argentino —conocido también por su trabajo con Los Fabulosos Cadillacs— habla de este fenómeno que creció desde un bar pequeño hasta escenarios multitudinarios, con invitados que van desde Santi Motorizado hasta Soledad Pastorutti.

“Yo tenía ganas de ir a cantar canciones. Ese era mi único interés”, resume.

De la frustración al punto de quiebre

El origen del proyecto no responde a una estrategia, sino a una necesidad casi emocional. Florián venía de un momento complejo en su carrera: shows donde no lograba conectar como quería y una industria que imponía estructuras rígidas.

“Se arma esta lógica de: sacás un disco, lo tenés que presentar, vender entradas, encontrar el venue correcto… y a mí me empezó a pesar”, recuerda.

La respuesta fue radicalmente simple: tocar gratis en un bar, invitar músicos amigos y abrir la puerta a quien quisiera entrar.

El resultado fue inmediato.

“El primer encuentro estuvo buenísimo, vino un montón de gente… y rápidamente la industria también se entusiasmó”, cuenta entre risas.

Lo que comenzó como un gesto íntimo se convirtió en una experiencia colectiva.

El tango sin solemnidad

Uno de los factores clave del proyecto ha sido romper con la rigidez del tango tradicional sin perderle el respeto.

“El tango tiene mucha tradición, y eso a veces genera distancia. Como que hay una forma ‘correcta’ de hacerlo”, explica.

Su propuesta es otra: desarmar ese molde.

Florián no es un cantor de tango tradicional, y eso se vuelve una ventaja. Invita artistas de distintos géneros, reinterpreta clásicos y los lleva a un terreno más cercano, más emocional, menos intimidante.

El resultado: nuevas audiencias.

“Viene gente joven por mis canciones y termina emocionándose con ‘Merceditas’, que era la favorita de su abuela”, cuenta.

Ese cruce generacional —entre lo íntimo y lo colectivo— es uno de los motores del proyecto.

El momento en que todo cambió

Aunque el crecimiento fue progresivo, hubo noches que marcaron un antes y un después.

Una de ellas ocurrió en el mítico espacio del CAFF en Buenos Aires.

“Tocamos tres horas y media, 38 canciones. La gente estaba arriba de las mesas, todo era caótico pero ordenado al mismo tiempo”, recuerda.

Esa noche, además, ocurrió algo personal: cantó por primera vez con su padre en su propio proyecto.

“Me quebré. Estaba toda mi familia, todos los músicos, toda la gente… ahí sentí que había un click”, confiesa.

El otro punto de inflexión fue el cierre en el Konex, con una alineación de invitados que convirtió el show en una celebración masiva.

“Fue una locura ver gente saltando con tangos”, dice.

La ética del oficio

Entre todos los invitados, hay una figura que Florián destaca con especial énfasis: Soledad Pastorutti.

No por su fama, sino por su actitud.

“Lo que más me impresionó fue su nivel de oficio y profesionalismo. Me hizo todo muy fácil”, explica.

La describe como una artista al servicio de la música: llegó puntual, pidió indicaciones claras, cantó y se fue. Sin complicaciones.

“Eso para mí es una masterclass”, afirma.

En un proyecto basado en la espontaneidad, esa ética se vuelve fundamental.

Aprender para desarmar

Lejos de acomodarse en el éxito, Florián se mantiene en constante aprendizaje. Estudia piano, se inició en el bandoneón y trabaja con músicos profundamente ligados al tango.

“Es un desafío fuerte. No me siento sobrado en ningún aspecto”, admite.

Esa incomodidad es, para él, un motor creativo.

“Me mantiene en un ejercicio activo de querer mejorar”, dice.

México: un vínculo que se expande

La relación con México no es nueva, pero sí cada vez más profunda. Y ahora tendrá un nuevo capítulo:

24 de septiembre, Foro Indie Rocks.

“Siempre pasan cosas especiales acá”, asegura.

La intención es trasladar ese espíritu original —casi de patio de casa— a un escenario en la Ciudad de México.

Un reto logístico, pero sobre todo emocional.

“Somos un circo, una comuna… comemos juntos, viajamos juntos”, dice sobre el equipo.

Un himno inesperado

Como toda comunidad, los Actos de Gentileza también tienen su ritual. Su momento clave.

La canción: “Que nadie sepa de mi sufrir”.

“No fue planeado. Desde el primer show pasó algo con esa canción y se fue volviendo cada vez más importante”, explica.

Hasta que lo oficializaron en vivo:

“El himno nacional de los actos de gentileza”.

El otro frente: Los Fabulosos Cadillacs

En paralelo, Florián vive otro gran momento con su banda. Tras su histórico show en el Zócalo de la CDMX, donde rompieron récord de asistencia, la lectura es clara: el éxito no está en los números.

“Después del show estábamos comiendo tacos, tranquilos. Eso fue lo más importante”, recuerda.

Para él, ese equilibrio —entre lo masivo y lo íntimo— es la verdadera medida del camino recorrido.

“Fue una gran celebración de un vínculo con México que se viene construyendo hace muchos años”, dice.

La gentileza como acto radical

En tiempos donde todo parece medirse en reproducciones y alcance, los Actos de Gentileza proponen otra lógica: la del encuentro.

Sin algoritmo.

Sin fórmula.

Solo canciones.

Y quizás ahí está su mayor potencia: en recordar que la música, antes que industria, es un gesto humano.

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