A quince días del festival, Vive Latino “toca la puerta”, y quien abrirá la jornada es Erin Memento. La cantautora llega en un punto bisagra: lista para cerrar el ciclo de Carretera Fantasma y, al mismo tiempo, asomar el sonido de su próximo disco.
En apenas tres o cuatro lanzamientos —publicados en formato EP— su música ha transitado una evolución perceptible: búsquedas líricas más complejas en la primera etapa, exploraciones sónicas en la intermedia y una depuración actual que privilegia la honestidad sobre la ornamentación. “Ha sido una búsqueda tanto lírica como sónica, de prueba y error. Ahora me encuentro más a gusto en lo que compongo, estoy encontrando mi sitio”, explica.
Del armario a los escenarios
Su vínculo con la música comenzó temprano. A los siete u ocho años tomó clases de guitarra; en casa, la escucha era constante. Recuerda conciertos con su padre y un entorno donde convivían el pop y el rock en español. Hubo una pausa en la adolescencia, pero a los 15 reabrió el armario donde guardaba su guitarra y la relación renació. Ese gesto —casi doméstico— es el germen de lo que hoy despliega en escenarios internacionales.
Las mudanzas también han sido motor creativo. Ha vivido en Los Ángeles, regresado a Madrid y viajado con frecuencia a México. En los últimos meses sumó Buenos Aires a su mapa emocional. “Es un tema recurrente en las letras que estoy escribiendo y las que están por venir”, dice. La itinerancia no solo modifica el paisaje: permea la identidad sonora. Aunque no siempre es evidente en la primera escucha, ese cruce cultural se filtra en la escritura.
Escribir sin retorcer
Memento habla de la composición como de un músculo: cuanto más se ejercita, mejor rinde. En su primera etapa buscaba metáforas y complejidades; hoy prefiere una voz directa. “Estoy explorando una manera de escribir más sincera y menos retorcida”, afirma. Sin embargo, reconoce el valor de sus canciones iniciales: cada obra pertenece al momento en que fue creada. Convivir con el catálogo propio no siempre es sencillo, pero la coherencia radica en la honestidad.
Productores, esencia y directo
En el estudio trabaja junto a Alex Patri (coproducción del próximo álbum y participación previa en Carretera Fantasma). Memento llega con maquetas prácticamente completas —batería, bajo, guitarras— pero abiertas a intervención. La consigna es clara: que la producción no diluya la primera intuición. “No cerrarnos a elementos nuevos, pero no perder la esencia de la canción, incluso en directo”, subraya. Su identidad escénica —guitarra al frente y banda compacta— es un activo que no desea sacrificar.
La guitarra como destino
En Los Ángeles entró a Norman’s Rare Guitars buscando una Mustang o Jazzmaster. Salió con una Fender Jag-Stang —modelo híbrido asociado a Kurt Cobain— que encontró casi por azar. “La probé y me fascinó”, recuerda. Esa eléctrica se convirtió en su presente sonoro. A la par, explora una Gibson L-00 acústica y modelos SG: la búsqueda de timbres continúa.
El cruce con Barbie Recanati
La colaboración con Barbie Recanati en “Medalla de Oro” surgió en Buenos Aires, donde ambas abrieron un concierto de Enrique Bunbury. El vínculo trascendió lo profesional. “Es mucho más personal que numérico”, dice Memento. La admiración mutua se tradujo en una invitación: Recanati la convocó a abrir su show anual en la capital argentina, cerrando así un ciclo compartido.
Sobre la construcción vocal del tema, Memento detalla que la canción estaba grabada antes de sumar la voz invitada. Hubo un trabajo fino de postproducción para equilibrar timbres y preservar la narrativa. “Mi voz se corta en un momento clave; ahí respira la canción”, explica. El resultado evita la superposición competitiva y apuesta por la complementariedad.
Inspiraciones recientes
En su radar actual aparecen los discos de Juana Molina y Juan Aguirre, así como el trabajo de Perfume Genius. En cine, menciona a Yorgos Lanthimos y el universo de Sofía Coppola, además de su relectura de Las vírgenes suicidas. No se trata de calcos estéticos, sino de una ética creativa: lidera la canción, la producción la acompaña.
Vive Latino: respeto y emoción
Abrir el Vive Latino implica responsabilidad. “Es un escenario grande, pero el público es generoso y está dispuesto a escuchar”, sostiene. Memento ya ha tocado en Guadalajara y Ciudad de México; conoce el territorio. Promete cerrar etapa con Carretera Fantasma y adelantar un tema nuevo. El mensaje práctico no falta: hidratación, gorras y oídos atentos.
En la recta final de la charla, surge una pregunta lúdica: ¿qué canción merece medalla de oro como canción de amor? Memento sonríe y elige “Love Song” de The Cure. Un clásico que, más que estadística, apela al corazón. Como su propia música en esta etapa: menos artificio, más verdad.
El ciclo se cierra, el festival se abre. Erin Memento llega a México con la convicción de quien ha probado, dudado y encontrado un centro. Carretera Fantasma se despide; lo que viene ya respira.

