Bajofondo vuelve al pulso electrónico con Ohm y colaboración con Cristian Castro

By | Noticias

Juan Campodónico habla sobre Om, el nuevo disco de Bajofondo: sintetizadores analógicos, Cristian Castro, filosofía y un regreso al espíritu electrónico original del proyecto.

En la música de Bajofondo el tiempo nunca ha sido un accidente. Es materia prima. Es arquitectura. Es resistencia.

“Estoy completamente volado”, dice entre risas Juan Campodónico en su visita a México, país donde creció y al que regresa con frecuencia. Pero el entusiasmo no es improvisado: el nuevo disco del colectivo rioplatense, Ohm, lleva cuatro años de gestación.

Y no, no es el “ohm” del yoga —aunque también lo practique—. Es el OHM de la resistencia eléctrica, el apellido del físico que estudió los circuitos. Desde el título queda clara la declaración de principios: esto es electricidad.

Volver a lo electrónico, pero distinto

Después de discos como Aura —más orquestal— o Presente, con arreglos más clásicos, Bajofondo decidió reconectar con el ADN que los hizo pioneros del electrotango. “Era un poco volver a hacer un disco bien electrónico, casi todo programado”, explica Campodónico.

Lo paradójico es que, aunque el álbum fue diseñado digitalmente, terminó siendo materializado en un estudio repleto de sintetizadores analógicos históricos: Moog monumentales, máquinas de ritmo de distintas épocas y módulos que parecen salidos de una central telefónica de los años 70. Lo digital convertido en textura orgánica.

Ese gesto resume el espíritu de Ohm: tecnología contemporánea con alma analógica. Modernidad con memoria.

Cuando Bajofondo apareció a comienzos de los 2000, la idea era experimental. “Pensábamos que iba a pasar a la batea de cosas raras”, recuerda. Pero el público respondió distinto. El mundo abrazó la mezcla de milonga, tango y electrónica. El proyecto, sin proponérselo, abrió una grieta estética que luego expandieron múltiples escenas sudamericanas.

El riesgo de evolucionar

Uno de los rasgos más sólidos de Bajofondo es su negativa a repetirse. Cada álbum ha sido una mutación. Ohm no es la excepción. Aunque mayormente instrumental en esta primera etapa —la versión extendida llegará en octubre junto con edición en vinilo—, incluye colaboraciones inesperadas.

La más comentada: Cristian Castro.

Para muchos fue una sorpresa. Para Campodónico, no tanto. “Ya no es aquel Cristian Castro chico bonito pop. Es alguien a quien le pasaron cosas. Es más ecléctico”, explica. La conexión no fue irónica ni oportunista: fue estética.

En “Se fue el sol”, canción con impronta synth pop ochentera, Bajofondo explora el universo del new romantic desde su propia gramática. Hay capas, densidad y una lectura que trasciende la aparente ligereza.

El video empuja aún más esa ambigüedad: lo que podría ser una canción de amor veraniego se transforma en comentario social. Un mundo donde “se fue el sol” puede leerse como metáfora política, emocional o civilizatoria.

El corazón pop y la raíz tanguera

Campodónico asume su rol dentro del colectivo: guardián de la raíz y explorador de texturas electrónicas. “Siempre soy muy de ‘pongamos esto bien tanguero acá’”, admite. Pero también reconoce su “corazoncito pop”.

En ese equilibrio está el ADN de Bajofondo: sofisticación y accesibilidad. Un puente entre profundidad artística y resonancia popular.

El propio Campodónico cita referentes como Caetano Veloso o Chico Buarque: artistas refinados que, al mismo tiempo, son masivos. Esa zona intermedia donde lo complejo no renuncia a emocionar.

La música contra la inmediatez

En tiempos de consumo acelerado y viralidad efímera, Om parece casi una postura política. Cuatro años de trabajo. Decisiones meditadas. Lanzamiento en dos etapas. Edición en vinilo.

“La música es un arte del tiempo”, dice Campodónico. Sin tiempo no existe. Y sin perspectiva, tampoco.

Mientras buena parte de la industria responde a la urgencia —“está esto de moda, hay que hacerlo ya”—, Bajofondo insiste en crear obras que puedan escucharse en 2026, 2028 o dentro de diez años sin perder sentido.

Campodónico lo explica con una metáfora alimentaria: hay música golosina, inmediata, explosiva. Y hay música nutritiva, que acompaña procesos vitales. Om quiere pertenecer a la segunda categoría.

¿Habrá gira?

Aunque no hay una gira masiva confirmada, sí habrá fechas puntuales. Cada integrante del colectivo está atravesando proyectos personales —Campodónico acaba de lanzar su primer disco con su nombre propio—, pero el grupo permanece abierto a que la respuesta del público marque el camino.

“No es el primer plan, pero nunca se sabe”, dice.

La historia del proyecto demuestra que Bajofondo nunca calculó su impacto. Lo experimental terminó siendo popular. Lo híbrido terminó siendo influyente.

Filosofía para acompañar el disco

Al final de la conversación, Campodónico recomienda lectura para maridar con Om: el filósofo surcoreano Byung-Chul Han.

Sus reflexiones sobre la autoexigencia, la sobreinformación y la necesidad de espacios de desconexión dialogan con el espíritu del disco. En un mundo saturado de estímulos, crear requiere vacíos.

Quizá ahí está el verdadero significado de Om: no solo electricidad. También pausa. También resistencia.

Bajofondo vuelve a lo electrónico, sí. Pero más que un regreso, es una reafirmación: evolucionar sin perder raíz, experimentar sin perder identidad y, sobre todo, tomarse el tiempo necesario para que la música siga siendo algo más que ruido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *