Ana Tijoux presenta “97”, su nuevo EP con DJ Dacel inspirado en la nostalgia y la amistad

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Ana Tijoux lanza el EP “97” junto a DJ Dacel, un proyecto marcado por la nostalgia, la amistad y la libertad creativa. La artista chilena habla sobre su proceso, salud mental y su conexión con México.

En la música de Ana Tijoux, la memoria nunca es un recurso vacío. Es una herramienta emocional, política y profundamente humana. Con el lanzamiento de su EP “97”, realizado en colaboración con DJ Dacel, la artista chilena vuelve a ese territorio donde la nostalgia no solo se recuerda: se procesa, se resignifica y se convierte en sonido.

El punto de partida es claro: 1997. Un año que no solo marca un momento en el tiempo, sino el inicio de una complicidad creativa que hoy, décadas después, encuentra nuevas formas de expresarse. “Hay amistades que van más allá de la mera amistad”, explica Tijoux. “Son familias extendidas, colegas que te acompañan en el oficio”.

Ese reencuentro no ocurre desde la urgencia, sino desde la madurez. Desde un lugar donde la creación ya no está mediada por la expectativa externa, sino por el disfrute. “Hagamos lo que nos hace felices, más allá de si funciona o no”, afirma. Esa filosofía atraviesa todo el EP.

Crear sin expectativas: el lujo de la madurez

En “97”, no hay fórmulas ni concesiones. Hay, en cambio, una exploración honesta que mezcla hip hop con matices de soul y jazz, construida desde la intuición. Para Tijoux, el paso del tiempo ha sido clave para llegar a ese punto:

“Cuando uno toma cierta edad, reafirma cosas. Entiende que tal vez no estaba tan equivocado en el camino que eligió”.

Lejos de la ansiedad por “pegar”, el proyecto se construyó desde la libertad. Sin presión. Sin cálculo. Un enfoque que, paradójicamente, suele derivar en obras más auténticas.

Barcelona, Santiago… y un mismo universo

Aunque el proceso tuvo lugar entre distintas geografías, la grabación final se realizó en Barcelona. Sin embargo, el espacio físico fue casi anecdótico frente al universo compartido que ambos artistas crearon.

“Éramos dos chilenos en Barcelona, como en un iglú propio”, describe Tijoux. “Haciendo lo que nos gusta, un poco fuera de lugar, pero muy conectados”.

La ciudad, inevitablemente, permea. Pero no define. Lo que define es la conexión, la historia compartida, la visión del mundo.

La nostalgia como motor creativo

Uno de los ejes más potentes del EP es la nostalgia. Pero no como simple evocación romántica, sino como un ejercicio emocional consciente.

“Todos somos seres profundamente nostálgicos”, reflexiona. “Hablar del pasado, de los amigos, de los que ya no están… eso inevitablemente te mueve”.

Para Tijoux, aceptar esa emoción —en lugar de evitarla— es fundamental. Es parte del proceso creativo y también del proceso humano: “Esa emoción es necesaria para procesar duelos, para soltar”.

Experimentar o volverse una caricatura

Lejos de repetirse, la artista decidió desafiarse. En temas como “Vinus y vinilos”, exploró nuevas formas de interpretación vocal, jugando con capas y velocidades.

“Siempre hay algo que explorar. Si no, uno se transforma en un publicista de sí mismo o en una iconografía”, lanza con contundencia.

La frase no es menor. En una industria que muchas veces premia la repetición, Tijoux apuesta por el riesgo como una forma de supervivencia artística.

Salud mental: el verdadero eje

Más allá de la música, hay un tema que atraviesa toda la conversación: la salud mental.

“No vale la pena recibir aplausos si por dentro tienes un desorden de tristeza”, afirma.

En su visión, el equilibrio emocional es indispensable para sostener una carrera artística. Y también para disfrutarla. Entre sus claves personales: no tomarse demasiado en serio, reírse de sí misma y mantener una perspectiva realista sobre su rol como artista.

“No somos médicos salvando vidas. Acompañamos, como otros artistas nos acompañan a nosotros”.

México: un vínculo emocional constante

La relación de Ana Tijoux con México es profunda. Su reciente presentación en el Zócalo de la Ciudad de México dejó una marca especial.

“La plaza pública más grande que conozco”, dice. Pero más allá de la escala, destaca la calidez: “El público mexicano es extremadamente cariñoso”.

En un contexto global tenso, ese concierto se convirtió en un espacio de encuentro y contención. Algo que, para Tijoux, define la experiencia musical en vivo.

Sin prisa, sin presión

El EP “97” no pretende cerrar nada. De hecho, hay canciones que quedaron fuera y que podrían ver la luz más adelante. Pero no hay urgencia.

“No hay apuro. Somos amigos. Las cosas saldrán cuando tengan que salir”.

Es una declaración que sintetiza todo el proyecto: libertad, confianza y una relación genuina con la música.

El regreso

Ana Tijoux volverá a México en mayo, con presentaciones en Toluca, Puebla y Ciudad de México. Más que una gira, será una extensión natural de este momento creativo.

Porque si algo deja claro “97”, es que la música, cuando nace desde lo humano, siempre encuentra su camino.

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