Emmanuel Horvilleur: el impulso creativo detrás de Mi año gótico y la búsqueda de una voz más honesta

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El músico argentino Emmanuel Horvilleur revela cómo surgió su disco Mi año gótico, su evolución vocal, el trabajo con el productor Cítrico y las colaboraciones con Fito Páez, Julián Kartún y Santo Domingo.

Después de más de dos décadas de carrera como solista y una historia fundamental dentro del pop latino con Illya Kuryaki and the Valderramas, Emmanuel Horvilleur continúa explorando nuevas formas de componer canciones. Su más reciente disco, Mi año gótico, es un ejemplo claro de esa inquietud permanente: un trabajo donde conviven la experimentación sonora, la introspección y la colaboración.

En entrevista, el músico argentino reflexiona sobre la construcción del álbum, la evolución de su forma de cantar y la importancia del impulso creativo frente al exceso de racionalidad.

Un disco que empezó antes de salir

Aunque Mi año gótico ya circula entre el público, su presentación oficial todavía está por llegar. Horvilleur recuerda que el primer concierto en torno al disco fue más bien un híbrido entre adelanto y celebración.

“En realidad todavía no había salido el disco. Lo que hicimos fue tocar algunas canciones que ya habían salido previamente”, explica.

El músico adelanta que el lanzamiento en vivo llegará con una presentación formal en Buenos Aires, en un teatro que permita darle otro tratamiento a las canciones.

“Un teatro tiene otro tipo de tratamiento para la canción. Podés ser un poco más sutil”, comenta.

Para Horvilleur, el espacio escénico influye directamente en la forma en que la música se expresa. Un festival exige energía inmediata, mientras que un teatro permite matices, silencios y un contacto distinto con el público.

La evolución de la voz

Uno de los aspectos que más llaman la atención en Mi año gótico es el tratamiento vocal. A diferencia de sus primeros discos solistas, aquí la interpretación se percibe más directa, menos afectada.

El propio Horvilleur reconoce que esa transformación ha sido gradual.

“Con el tiempo fui limpiando un poco eso, tratando de cantar más directo, potenciando mi parte más sensible”, explica.

Al escuchar hoy su debut solista, Música y delirio, el artista admite que encuentra una forma de cantar mucho más exuberante.

“Era un disco mucho más afectado. Todo era muy efervescente. Con los años fui buscando algo más natural”.

En ese proceso también ha sido clave su colaboración con el productor Marcos “Cítrico”, quien coprodujo varias canciones del álbum.

El músico destaca que trabajar con buenos micrófonos y con un enfoque más orgánico en la grabación permite capturar mejor la esencia de la voz.

“A mí me interesa escuchar la voz lo más natural posible”, señala.

Componer desde el impulso

A pesar de definirse como una persona racional, Horvilleur confiesa que su proceso creativo busca justamente lo contrario: abrir espacio al impulso.

“Yo soy muy racional, entonces muchas veces lo que busco es el impulso”, afirma.

Para él, el primer paso de la creación puede surgir incluso desde el caos: frases sueltas, sonidos improvisados o ideas aparentemente inconexas.

“Me gusta estar con la hoja en blanco y pintar cualquier cosa, y después empezar a entender qué es eso que pinté”.

En Mi año gótico, muchas canciones surgieron de sesiones informales en el estudio casero de Cítrico, un espacio que se volvió clave durante y después de la pandemia.

El método era simple: reunirse, tomar café, escuchar referencias y dejar que la tecnología y la curiosidad hicieran su trabajo.

“Muchas veces entrábamos al estudio sin nada. Escuchábamos alguna referencia y empezábamos a buscar sonidos o ritmos”.

Herramientas como bancos de samples digitales ayudaron a detonar ideas que luego se transformaron en canciones completas.

Para Horvilleur, esta forma de componer representa un cambio respecto a su método tradicional, que solía partir de la guitarra acústica y la soledad.

“También compongo mucho solo en casa, pero buscar otras formas de hacerlo es estimulante”.

Canciones que nacen todos los días

Lejos de creer que la creatividad tiene una fecha de caducidad, Horvilleur sostiene que la composición es una práctica constante.

De hecho, su celular se ha convertido en una especie de archivo infinito de ideas musicales.

“Tengo un montón de grabaciones. Bajás y bajás y hay de todo”, cuenta.

Muchas de esas notas de voz se revisan después, en momentos de calma, como durante un viaje en avión.

Ahí comienza el segundo proceso: decidir qué ideas merecen convertirse en canciones.

“Después viene el trabajo más difícil, que es encausar todo eso”.

Las colaboraciones del disco

Uno de los elementos más destacados de Mi año gótico es su elenco de invitados.

Entre ellos aparecen figuras como Fito Páez, Julián Kartún , Javiera Mena, Alex Anwandter y Alex Sergi.

La canción con Fito Páez, por ejemplo, parecía escrita para él desde el inicio.

“Sentíamos que esa canción era para Fito”, recuerda.

El tema incluso había quedado fuera de un disco anterior cuando el rosarino no pudo participar por cuestiones de agenda. Finalmente, durante la creación de Mi año gótico, la colaboración se concretó.

“Terminó cerrando una canción que es como la balada brasilera del disco”.

Por su parte, la participación de Julián Kartún se vinculó con la estética narrativa de una canción inspirada en Buenos Aires.

En tanto, las colaboraciones con artistas como Santo Domingo apuntaron a la faceta más pop y electrónica del álbum.

Dos discos en un mismo proceso

Horvilleur también reconoce que Mi año gótico mantiene un diálogo directo con su trabajo anterior, Aqua di Emma.

Esto se debe a que ambos proyectos nacieron del mismo proceso creativo iniciado durante la pandemia.

“Cuando terminamos ese disco no cortamos. Seguimos yendo al estudio”, explica.

Así, las sesiones continuaron de manera natural, generando material que eventualmente se transformó en un nuevo álbum.

“Son dos discos que se hicieron en un mismo momento creativo”.

México, un territorio por explorar

Aunque su carrera ha tenido momentos importantes en México, Horvilleur reconoce que aún siente que el país es un territorio por explorar como solista.

El músico asegura que le gustaría volver pronto para presentar el nuevo material.

“Estamos en un muy buen momento con la banda y con el show que estamos haciendo”.

Además, el amplio repertorio que ha construido a lo largo de su carrera le permite armar conciertos cada vez más ricos.

“Con más de veinte años de discos como solista, se arma una lista muy interesante”.

Por ahora, Mi año gótico representa un nuevo capítulo en esa búsqueda constante que define su trayectoria: la de un artista que, lejos de repetir fórmulas, sigue jugando con las canciones como si cada una fuera un experimento.

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