Musgö y Ángela González: dos universos andaluces que chocan —y brillan— en México

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Musgö y Ángela González llegan a México con una gira conjunta que une el arpa electrónica de Grieta y el pop orgánico de La Recena. Fechas en CDMX, detalles del show y entrevista completa.

A veces los encuentros improbables terminan siendo los más necesarios. Así comenzó la aventura mexicana de Musgö y Ángela González, dos creadoras andaluzas que no se conocían hasta que la vida —y una gira— las sentó juntas en un vuelo de más de 20 horas rumbo a México.

El resultado no fue una coincidencia incómoda, sino el inicio de una complicidad artística que hoy se traduce en una serie de presentaciones en la Ciudad de México: el Centro de Lena Nagrro, la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Centro Cultural de España en México, donde incluso habrá chalecos sensoriales que permitirán experimentar la música a través de vibraciones.

Dos proyectos distintos. Dos discursos estéticos alejados. Una raíz común: Andalucía.

La grieta como viaje interior

Musgö llega con Grieta, un disco que no solo representa una evolución sonora, sino una liberación personal. Arpista de formación, productora e investigadora de texturas electrónicas, ha construido un universo donde conviven el folklore andaluz, la mitología y la experimentación sintética.

“El arpa es sagrada para mí”, confiesa. La relación con su instrumento está lejos de lo convencional. Cuando apareció en su vida, decidió no estudiar técnica de inmediato: quería conocerla sin prejuicios, conectar con esa “sabiduría ancestral” antes de que alguien le explicara cómo debía tocarse.

En Grieta, esa conexión se traduce en un viaje sonoro hacia la oscuridad. Es un disco que habla de dioses, de rezos, de la necesidad de ayuda en los momentos donde todo parece fracturarse. La grieta es esa caída interior donde apenas se percibe una luz, pero también la posibilidad de atravesarla.

Musgö ha ido despojándose de etiquetas: arpista clásica, mujer, andaluza. “Me he ido quitando capas”, explica. El resultado es una propuesta ecléctica donde el arpa dialoga con la electrónica sin pedir permiso, y donde la imperfección humana se vuelve un gesto político frente a la pulcritud artificial.

La ligereza como manifiesto

En el otro extremo emocional se sitúa La Recena, el trabajo más reciente de Ángela González. Si Grieta explora la oscuridad, La Recena apuesta por la levedad.

“La recena entra fácil”, dice Ángela. Esa era la intención: canciones ligeras, que fluyan como ese último bocado al volver de fiesta. Pop orgánico, letras íntimas y una honestidad que nace más de la necesidad que de la ambición.

Ángela no planeó su carrera como estrategia. Compone porque algo dentro necesita salir. Durante años estudió piano en el conservatorio, en un entorno que describe como rígido y violento en su enseñanza. La exigencia técnica terminó por desconectarla del disfrute.

La guitarra apareció después, casi por obligación logística: viajar con un piano no era viable. Pero esa decisión forzada la llevó a reconciliarse con el escenario y con su propia imperfección. “Ahora disfruto”, asegura. Y en esa frase hay una conquista personal.

Mujeres, escena y exigencia

Ambas coinciden en que la escena musical española ha avanzado, pero no lo suficiente. En el ámbito cantautor, Ángela reconoce que los nombres más posicionados siguen siendo hombres. Durante años sintió competencia con otras mujeres, hasta comprender que el espacio no debe disputarse entre ellas, sino ampliarse colectivamente.

Musgö señala otra dimensión: la exigencia desproporcionada hacia las artistas. “Si no eres excelente a un nivel casi inhumano, parece que no mereces el lugar”, reflexiona. Mientras tanto, la mediocridad masculina suele ser tolerada.

El resultado es una autoexigencia feroz, un 180% constante para justificar la presencia. Sin embargo, la hermandad entre creadoras empieza a consolidarse como respuesta. Esta gira conjunta es, en sí misma, una declaración: compartir escenario no resta, suma.

Lo humano frente a la perfección artificial

La conversación inevitablemente deriva hacia la inteligencia artificial. En una era donde una máquina puede generar melodías impecables, ambas reivindican el error como valor.

Una voz que se quiebra, un tempo que respira sin claqueta, un “ah” que se escapa de tono. Ahí está la conexión. En la imperfección reconocible. “Hay una ola de demostrar que no es IA”, dicen entre risas. Pero detrás del humor hay una convicción profunda: el directo no puede suplantarse.

Puede haber hologramas, pantallas y espectáculos virtuales. Pero ninguna tecnología probará los chilaquiles después del concierto ni sentirá el jet lag compartido de 22 horas. La experiencia humana sigue siendo irreemplazable.

Andalucía como raíz común

Málaga y Cádiz no están tan lejos. Aunque sus universos sonoros parezcan opuestos, comparten una raíz cultural. Andalucía no es solo geografía; es cadencia, memoria, sensibilidad.

Y en el escenario, los extremos se tocan. La introspección mística de Musgö puede convivir con la liviandad luminosa de Ángela. Oscuridad y luz. Rezo y fiesta. Grieta y recena.

El público mexicano será testigo de un contraste que promete amplitud emocional: del llanto a la risa, de la introspección a la celebración.

“La vida misma en un show”, resumen.

Y quizá ese sea el verdadero hilo conductor: dos artistas que no planearon coincidir, pero que entendieron que la música, cuando es honesta, siempre encuentra su punto de encuentro.

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